Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 512
mación inicial de grado, o en todo caso espacios de excepción que
apenas se sostienen en las tangentes del aula.
Segunda y fácil conclusión: ¿qué otra cosa podrá enseñar ese futuro profesor, por más que se esfuerce en la tan mentada transposición didáctica?
Supongo que nadie aquí presente negará que un propósito principal de la escuela es formar lectores. Pero… ¿qué clase de lectores?,
¿acaso se lee el diario o un artículo científico como se lee literatura?,
¿con la misma pose, desde el mismo lugar?, ¿qué significa ser lector
crítico en un caso y en otro?, ¿es igualmente importante en distintas lecturas la pragmática de la intencionalidad del autor?
O bien: ¿por qué no se escribe literatura en la formación de grado, y por qué no se lee literatura sin el apremio de un análisis, de un
anclaje metodológico?, ¿qué lugar queda para el extrañamiento?
¿Excedería a la formación “académica”, naturalmente aséptica
de toda manifestación emocional, subjetiva, intimista, singular, no
medible ni cuantificable y muchas veces siquiera descriptible, como
la que provoca la literatura?
¿Quién se pregunta, en las aulas del Profesorado, qué le dice éste
o aquel libro a éste o a aquel lector? A ese lector único, que sufre palpitaciones mientras lee, o aburrimiento; que recorre presuroso las
páginas pero no desea que el relato acabe, que necesita volver sobre
una figura o una escena; que cierra el libro y se queda mirando un
punto fijo en la pared sin atinar a regresar, pegado a la frase última
de una novela, al estrepitoso knock out de un cuento, a una imagen o
a una palabra del poema?
¿Quién se pregunta, en nuestras aulas de los Profesorados, por
qué a veces tenemos ganas de escribir versos; o qué nos sucede
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Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas