Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Seite 511
sibilidad de espacio de formación. Mucho menos se ha discutido -al
interior de los profesorados, insisto- sobre el concepto de competencias, en relación, por ejemplo, a la rica idea de saberes. Sí se han
preguntado sobre la lectura y la escritura literarias algunos escritores (además de filósofos, antropólogos, terapeutas), pero esos textos todavía circulan por fuera de la academia.
De hecho, la escritura literaria y la lectura no sujeta al análisis en
cualquiera de sus formas del campo de la crítica, son apenas –cuando existen– espacios de excepción que se sostienen en las tangentes
del aula, por fuera del curriculum. Aunque –eso sí– serán casi siempre losdeliteratura quienes recepten, a la salida de clase, los escritos
poéticos que los alumnos-futuros profesores esbozan, balbucean o
incluso cultivan fervorosamente por fuera de las aulas.
En otras palabras y retomando lo que recién expresaba: la literatura en la formación de profesores en Letras resulta un objeto de estudio antes que una práctica. Ya sea de la mano de un movimiento
artístico, de una corriente, de un contexto socio-histórico, de un
método de mirada endógena o exógena, adopta casi siempre el peso
de un cuerpo puesto en la mesa de rayos X o –incluso– de disección,
un objeto para la ciencia.
De más estará aclarar que lo que intento señalar, a partir de este
rodeo, es una carencia en la formación de los estudiantes de Letras,
en particular de la carrera del profesorado. El cuestionamiento a la
pertinencia de las materias que hoy se dictan merecería otra discusión sobre los planes de estudios, en la que a su vez debería enmarcarse –a mi parecer– el debate que propongo. Apunto a que la escritura literaria, y de alguna manera también la lectura no sujeta al
análisis en cualquiera de sus formas, son tierra de nadie en la forInvestigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas
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