Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Seite 509

zás a través del libro acercado por un amigo, una bibliotecaria o un profesor; otros por haber buceado de diversas maneras en bibliotecas familiares o públicas, en librerías, en ferias del libro. Lo indudable es que muchos de nosotros llegamos a la universidad o al profesorado impulsados en algún momento primario -el de la decisión por una carrera- por cierta proximidad con la literatura, manifiesta a veces en una inquietud particular, y en algunos casos también por cierta experiencia con la escritura poética o la escritura de ficción. Al iniciar el cursado de la carrera comenzamos a navegar un mar infinito donde la barca fue y es, naturalmente, el estudio de la lengua y de la literatura, intentando echar algunas amarras en la formación pedagógica donde -en el mejor de los casos- se nos insistió con la idea de la transposición didáctica. Con todo ello un día descendimos a las aulas. ¿Cuál es la paradoja, entonces? Que elegimos esta profesión por ser lectores y en muchos casos, también por una inclinación hacia la escritura literaria, y acá estamos -si me permiten un término pueril- como estudiadores de literatura. Ustedes dirán que se trata, precisamente, de lo que se espera de una formación de grado. Ahora bien, ¿y si reconvertimos esta afirmación en una pregunta?, o mejor: ¿qué lugar, en ese mar inmenso, tuvo/tiene no sólo la crítica y la teoría literarias, sino la literatura? Si recorremos los planes de estudios de las carreras de Letras, sean profesorados o licenciaturas, inmediatamente reconocemos dos grandes áreas no sólo definidas por las nomenclaturas de los diversos espacios curriculares, sino sobre todo por el sentido de pertenencia y (particularmente) de no-pertenencia de cada grupo de profesores: los de lingüística y los de literatura, de lo que podemos Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 493