Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Página 497

(o la falta de utilidad) para el alumno. Podemos citar, a manera de ejemplo, a la docente que enfatiza: “¡Que no me gusta corregir! Es lo más… sí, no sé si me pasa a mí sola, pero es terrible corregir, es como un peso; un peso en el sentido de que es una tarea donde uno pone mucho el cuerpo, la corrección. Es pesado. Por eso hay que encontrar siempre alguna forma, ¿sí?, de hacerlo más placentero para el docente, porque la verdad es que es bastante arduo, sobre todo cuando hay que poner nota” (Entrevista 11). La docente indica “poner el cuerpo” para referirse al malestar que involucra lo físico de la tarea. Es una de los cuatro docentes que coinciden en calificar este aspecto del trabajo como “pesado” (entrevistas 6, 9, 11 y 12); dos de ellos lo consideran “frustrante” (entrevistas 1 y 2) porque no hay coincidencias entre las expectativas de los docentes acerca de los resultados de la corrección y la mejora efectiva en los textos de los alumnos en general. Además de pesado y frustrante, otros calificativos empleados para corregir son: “desgastante”, “monótono” (entrevista 9, en ambos casos), “gravoso” (entrevista 12), “terrible” (entrevista 11). Además se valora negativamente la tarea mediante verbos que dan cuenta de estados y de efectos: “Odio la corrección” (entrevista 10), “me tiene repodrida” (entrevista 5), “me molesta y me fastidia” (entrevista 6), entre otros. En cuanto a la utilidad que le otorgan los docentes a esta tarea, es preciso deslindar en las entrevistas dos tipos de respuestas: las menciones a que la acción de corregir tenga alguna utilidad para el propio docente en su enseñanza, y las menciones a que tenga utilidad para los alumnos, en su desarrollo o en sus aprendizajes. Estas Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 481