Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 1281

Dice Josefina Ludmer que los clásicos plantean problemas históricos, de modos de leer, de valor y de función representativa de la literatura. Además, pensar en los clásicos de la literatura implica pensar en una cultura de la biblioteca, que va siendo cada vez más desplazada por la cultura de los medios. La historia de los clásicos es una historia particular, larga y sinuosa. Las obras y también los autores que las escribieron pasan por un período de discusión y de debate hasta que son aceptados por todos y quedan fuera de discusión. Este proceso, que Bertolt Brecht llamó “el proceso de producción de un clásico”, puede ser más o menos largo e ilumina los mecanismos de canonización y de atribución de valor literario. En el medio puede cambiar la idea de la literatura, de política, la historia misma y los modos de leer. En América latina, la canonización muchas veces viene de afuera, de Europa o de Estados Unidos. En resumen, el clásico se constituye en algún momento y por lo tanto podría dejar de serlo. Podría ser tragado por la historia, desaparecer de los programas de enseñanza, del periodismo, de la televisión y de las listas de ediciones de obras maestras. En todo caso, un clásico forma parte de una continuidad cultural y representa una influencia, consciente o inconsciente, ineludible para todo aquel que lee y escribe dentro de esa cultura, que lleva escondidos en todos sus pliegues las marcas de sus clásicos. A continuación expondremos algunos ejemplos en que en la literatura contemporánea es posible descubrir las huellas de los clásicos. Carlos Gamerro en su libro El secreto y las voces reactualiza por su temática textos clásicos que forman parte de nuestras lecturas escolares como La carta robada de Edgar Allan Poe (al igual que en este Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 1265