Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 116

literaria y otros campos tienen sus propios lenguajes, es decir, sus propios sistemas para representar, organizar y operar con recursos simbólicos. Estos recursos no son arbitrarios sino que reflejan unas prácticas socioculturales objetivas que conducen a la formación de un campo de conocimiento dado. (Kozulin, 2000: 185) Dado entonces este carácter fundamental de instrumento psicológico que atribuimos al lenguaje (Mercer, 2001), las intervenciones del docente deberían estar orientadas a favorecer el acceso a los usos particulares que de él se hacen dentro de la comunidad disciplinar en cuestión. En efecto, lejos de quienes sostienen que el desarrollo y aprendizaje de las capacidades de comprensión y composición dependen de la simple ejercitación y práctica, coincidimos con Hernández Rojas cuando señala que “Comprender o componer un discurso escrito no se logran por mera ejercitación y práctica en actividades sin sentido; tampoco emergen como consecuencia de una maduración `natural´ (…) el lenguaje escrito –en cuanto función psicológica superior avanzada- se adquiere gracias a la asistencia de otros que saben más. Es decir, se aprende y se desarrolla cuando se participa con ellos en ciertas prácticas socioculturales (prácticas letradas) organizadas socialmente, dentro de comunidades de lectores y escritores” (Hernández Rojas, 2005: 92) En relación con lo antes expuesto, la segunda consideración que creímos importante realizar está vinculada con la necesaria intervención de la escritura en las situaciones didácticas diseñadas, aunque ya no como en su función “testimonial”, para dar cuenta de la apropiación de los conocimientos, de la conceptualización que realizó el estudiante a partir de lecturas previas. Al contrario, nuestro planteo se refiere a la función epistémica de la escritura, es decir, del uso de 100 Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas