Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 1152
dos de leer y escribir textos, Carolina Cuesta en su libro Discutir
sentidos problematiza los modos de leer en el aula. De nada nos sirve el marco teórico si no pensamos el texto en el aula.
Pese a las diferencias de matiz en las diversas teorías de interpretación semiológica, y a la aceptación de la existencia de un límite en la apertura del texto, se coincide en considerar al lector como
colaborador de su vida polisémica. Para los teóricos de la lectura literaria, la obra comienza a existir sólo cuando es leída, y es el lector
quien extrae los significados y los sentidos de los signos del texto.
En efecto, según Borges, “el hecho estético requiere la conjunción
del lector y del texto y sólo entonces existe. Es absurdo suponer que
un volumen sea mucho más que un volumen. Empieza a existir
cuando un lector lo abre".
Umberto Eco, por ejemplo, afirma que el lector es un sujeto activo en la interpretación del texto con sus relaciones y agrega, dada la
aparente contradicción entre los estrictos límites formales que condicionan la lectura y la libertad interpretativa frente a una obra, que
los límites de un texto literario son formales y no semánticos y, por
tanto, se concretan en el significante y no en el significado. El texto,
entonces, según él, denota, mediante unos términos lingüísticos,
pero además, connota, implica o sugiere otros sentidos diferentes,
en un doble juego que se resume en la definición de la obra como
"mensaje abierto bajo formas cerradas". El lector activa el contenido
del texto, sin añadir nada, ni alterar los límites formales del mismo,
lo cual no significa que su papel sea pasivo. Su