Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 1150
encontrarlo en librerías. Segundo: siendo su modelo productivo,
suprime toda crítica que, al ser producida, se confunde con él: reescribirlo no sería sino diseminarlo, dispersarlo en el campo de la diferencia infinita. El texto escribible es un presente perpetuo sobre
el cual no puede plantearse ninguna palabra consecuente. El texto
escribible somos nosotros en el momento de escribir, antes de que
el juego infinito del mundo (el mundo como juego) sea atravesado,
cortado, detenido, plastificado, por algún sistema singular como la
ideología o la crítica. Pero, ¿y los textos legibles? Son productos (no
producciones), forman la enorme masa de nuestra literatura.
¿Cómo diferenciar nuevamente esta masa? Es necesaria una segunda operación: “la interpretación”. Interpretar un texto no es darle
un sentido, sino todo lo contrario, es apreciar el plural de que está
hecho”(Barthes,2005:451).
En consecuencia, sólo podemos trabajar con los textos legibles, a
saber, los clásicos o las obras canónicas. ¿Cómo debemos interpretar tales textos?, pues haciéndolos todo lo escribibles que se pueda,
hasta el límite de sus posibilidades, esparciéndolos en múltiples lecturas que enriquezcan sus escasas pero existentes connotaciones.
“La interpretación que exige un texto inmediatamente encarado en
su plural no tiene nada de liberal: no se trata de conceder algunos
sentidos, de reconocer magnánimamente a cada uno su parte de
verdad; se trata de afirmar, frente a toda in-diferencia, el ser de la
pluralidad, que no es el de lo verdadero, lo probable o incluso lo posible. Sin embargo, esta afirmación necesaria es difícil, pues al mismo tiempo que nada existe fuera del texto, no hay tampoco un todo
del texto (que, por reversión, sería el origen de un orden interno, reconciliación de las partes complementarias bajo la mirada paternal
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Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas