Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 1149
texto y puede establecer conexiones con otras lecturas, exorciza en
la escritura, en la narración oral.
“¿Entonces cuál es el valor de un texto? ¿Qué consideramos de
los textos? La valoración esencial de todos los textos no proviene de
la ciencia, porque la ciencia no evalúa; ni de la ideología, dado que
el valor ideológico de un texto sea moral, estético, político) es un valor de representación y no de producción dado que la ideología no
presenta, sino “refleja”. Nuestra evaluación sólo puede estar ligada
a una práctica, y esta práctica es, precisamente, la escritura. De un
lado se ubica lo que está en la práctica del escritor y lo que ha desaparecido de ella: ¿Qué textos aceptaríamos proponer como una
fuerza en este mundo del estudiante? Lo que la evaluación encuentra es precisamente este valor: lo que hoy puede ser escrito (reescrito): lo escribible”. (Barthes,2005). Como vemos, el valor de un texto
queda reducido a una mirada subjetiva, así es que la ciencia queda
descartada de un plumazo en lo que refiere al análisis de los textos
literarios. Ahora se trata de una práctica individual que nos lleva a
pensar que la atención de Barthes se va a fijar en la figura del lector,
pero más adelante veremos que no es tan simple, ya que ni siquiera
el lector es una figura a la que se puede apelar en su teoría pues éste
queda también reducido a texto.
Para Barthes todo es texto. “Por lo tanto, frente al texto escribible se establece su valor negativo, reactivo: lo que puede ser leído
pero no escrito: lo legible. Llamaremos clásico a todo texto legible”
(Barthes, 2005). “Tal vez no haya nada que decir de los textos escribibles. Primero: ¿dónde encontrarlos? Con toda seguridad no en la
lectura (o al menos muy poco: por azar, fugitiva y oblicuamente en
algunas obras-límites): el texto W67&