Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 1140
ten, además, integrarse a las demandas del mundo del trabajo, se
provee a los alumnos de computadoras. Esto nos permitiría afirmar
que los aprendizajes de los alumnos han mejorado, adecuándose a
los cambios producidos en el mundo por la globalización generada
por los avances tecnológicos y comunicacionales.
Pero estos cambios explicitados en los documentos curriculares
han sido elaborados con muy escasa (o nula) participación de los
docentes, de la misma manera, desconocen el lugar que ocupan estos nuevos saberes en las propuestas de formación que se le ofrecen. Esto puede ser, en parte, causa de que los cambios formulados
en el papel no hayan llegado a las aulas de ningún nivel educativo,
de la amplia resistencia de los docentes a adecuarse a los cambios, a
iniciar trayectos de formación, tal vez porque estas situaciones,
como sostiene Camilloni (2012:148) “pueden ubicar al profesor en
una posición de “exterioridad” con respecto al saber que enseña.”.
Podemos comprender y, justificar de alguna manera la situación
de los docentes en ejercicio, pero los docentes noveles, al menos los
que conocemos y pertenecen a nuestra provincia, los recién egresados tampoco han desarrollado las capacidades necesarias para responder a esta demanda.
Si los docentes noveles no tienen las capacidades es, podríamos
afirmar, porque alguna responsabilidad tenemos quienes los formamos, quienes les inculcamos que deben reflexionar sobre su propia práctica pero seguimos enseñando como hace cincuenta años.
Parecería que los cambios no han tocado las aulas universitarias ni
las de los institutos de formación docente: en el nivel superior seguimos enseñando mediante clases magistrales, entre otras cosas,
la didáctica de la lectura, de la escritura. Siguiendo a Camilloni
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Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas