Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Seite 1096
Sucintamente, la consigna es una instrucción, que orienta la ejecución práctica de acciones al tiempo que supone una función de
aprendizaje (Silvestri, 1995). En consecuencia, se constituye en un
instrumento mediador del conocimiento en el proceso de formación, en tanto sirve para orientar, ordenar, regular y dirigir el pensamiento y el razonamiento dentro de una lógica disciplinar, es decir, configura las acciones mentales (Riestra, 2008). Es así que la
consigna implica actos comunicativos que ponen en vinculación a
docentes, alumnos y saberes (Cejas, 2010).
Las consignas de tareas de escritura suelen demandar operaciones discursivas que son las formas como puede ser organizado o estructurado el contenido informativo en los textos verbales. Estas
operaciones implican tanto procesos lingüísticos como cognitivos,
dado que involucran actividades mentales para la elaboración y el
establecimiento de diversas relaciones semánticas para la redacción de los diferentes segmentos textuales (Roich, 2007: 94).
Una de las características de la consigna es que los roles entre los
interlocutores se distribuyen de manera asimétrica: el enunciador
(en nuestro caso, el docente; si se tratara de un material impreso, el
autor) es un experto en el procedimiento, mientras que el alumno
receptor lo desconoce, pero quiere conocerlo. Se trata, entonces, de
un género que se emplea para organizar y controlar los procesos
mentales y actividades del estudiante por medio de prescripciones.
Sus diversos modos de enunciación pueden llevar implícita la promoción de actividades reflexivas tendientes al aprendizaje significativo y profundo, o bien de actividades reproductoras que no contribuyan a la apropiación del conocimiento (Riestra, 2002: 60). Así,
entendemos que desde las consignas se imponen diferentes modos
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Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas