Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 1082
Otro de los aspectos que ha resultado positivo es el de cambiar
en las planificaciones de clase los objetivos por el sentido que damos a la misma.
Los objetivos eran confundidos con metas, es decir, como un contenido al que había que llegar. Esta identificación proviene de la Didáctica Clásica. ¿Por qué está arraigada esta idea si en los cursos de Didáctica no concebimos así los objetivos? Podríamos aventurar que la
tradición de la planificación como documento al que el docente debe
ceñirse incide, aunque explícitamente los profesores de Didáctica digamos lo contrario. Por otra parte, la meta está asociada a una conclusión
sobre un contenido conceptual, a la que se llega sobre el final de la clase.
Esta representación dificulta que la clase se piense en términos
de lo que los alumnos van a hacer con el lenguaje. Tal vez sea uno de
los motivos por los cuales la escritura tiene un escaso lugar.
En cambio, el sentido de la clase se escribe en primera persona y
está más relacionado con la representación de la clase que deseamos dar, representación en la que importa el contenido a enseñar,
pero también y fundamentalmente el componente identitario, la
ideología subyacente del docente en cuanto a qué es una clase de
lengua. Y en esta dimensión hemos trabajado: el sentido, que es
subjetivo por definición, implica una búsqueda difícil por quien
empieza a enseñar. Las respuestas a esta búsqueda de sentido van
conformando la identidad como profesores de lengua, identidad
que incluye una concepción de qué es enseñar lengua.
Es notorio el cambio que las planificaciones tuvieron a partir de
esta nueva manera de pensar los propósitos de las clases. En la formulación del sentido de las mismas puede percibirse una mayor articulación entre la dimensión praxeológica y la epistémica.
1066
Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas