María Emilia Yanaylle
tiende como el intercambio de reciprocidades entre similares( a partir del ritual), que desde sus particularidades intercambian y equilibran sus potencias favoreciendo la convivencia en sus comunidades.
Este escrito parte de la necesidad de recuperar desde nuestra matriz cultural saberes necesarios para enfrentar las desigualdades genéricas actuales.
Retrocediendo en el tiempo, encontramos en los escritos de los primeros años de la conquista que, « la misma tradición intelectual que negaba un lugar en la historia a los pueblos colonizados, negó el suyo a las mujeres. En el Perú este legado tuvo sus raíces en la empresa colonial. Los cronistas españoles de la vida incaica miraban a los indios( una creación preeminentemente colonial) y a las mujeres bajo una misma luz: ambos eran dependientes, infantiles, incapaces de acciones autónomas y responsables »( Silverblatt, 1990, p. xxii).
En particular la sexualidad, ha sido interpretada de acuerdo con los estigmas propios del contexto en un proceso de conquista y colonización que sostuvo el racismo y el desmerecimiento que persiste aún en la República. Oliart( 1995), en su ensayo « Temidos y despreciados », señala que los escritores del siglo pasado describen al indio como cobarde, siniestro; un ser ignorante, arrogante, mentiroso y sucio; el peor de los padres, también irresponsable que abandonaba a sus hijos, agregando a esas características su asexualidad; en consecuencia, el peor de los amantes: estúpido y abusivo; incapaz de enamorarse. Mientras que a la india se la describe como fuerte e indeseable carente de erotismo y sensualidad. Con dos siglos de diferencia, los cronistas españoles, como Cobo( quien también era sacerdote), en el siglo XVI, describen a las mujeres con valoraciones similares, « interpretando el vigor de las mujeres de esos lugares como un signo de servidumbre »( Silverblatt, 1990, p. 10).
El proceso de conquista y colonización, instaurado con violencia y persiguiendo las prácticas religiosas nativas, obligó a la población a asumir los sacramentos, en particular la confesión. La vida de los conquistados se trastoca y empobreció no solo materialmente, sino también representacional y simbólicamente; incluso se vieron obligados a ocultarse. El lugar de las mujeres, la sexualidad y el referente genérico bajo los que se construía fue condenado por la inquisición instalándose
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