Congreso Yauyos (Final) | Page 313

La participación popular de los pueblos de Yauyos en la independencia del Perú
modo el odio mortal con que miran a los que defienden la causa contraria a la nuestra »( Dumbar Temple, 2018, tomo 2, pp. 31-33).
Avizorando el peligro que acarrea el virrey con las fuerzas del ejército, José María Palomo, Ciriaco Lovera y Pascual Cayro, apoyados por sus respectivas partidas de guerrilleras, destruyen el puente Llapay sobre el río Cañete. Los realistas informados por su ejército de avanzada sobre este suceso, se detienen para su resguardo en el paraje de Retamapata, permaneciendo el 30 y medio día del 31 de julio a la espera que un grupo de su tropa refaccione el viaducto afectado. Después de permanentes enfrentamientos los realistas superan la resistencia yauyina, que por falta de municiones disminuyen el ataque planeado, generando el lento avance del enemigo en dirección al pueblo de Laraos, descansando aquella noche en el lugar de Chuipujro con el temor de ser sorprendidos en cualquier momento por las guerrilleras.
Recompuesta la fuerza realista a la luz del día, utilizando armas de mayor alcance, consiguen ingresar aquella tarde del 1 de agosto al pueblo de Laraos, encontrándola despoblada por el temor que transmitía. El grueso del ejército se instala en el sector de la laguna de Cochapampa, mientras otros con las pocas energías, buscan alimentos y saquean los objetos de valor de las casas, destruyendo las reliquias inservibles, juntando los pocos animales dispersos que encuentran y quemando los papeles importantes de la casa parroquial. El Párroco Nicolás de La Piedra indica: « quebrantaron la puerta, rompieron mis baúles y robaron todo lo que había en ellos; lo mismo verificaron con mis libros que se hallaban en mis estantes; y por último saquearon mi casa de tal modo que no han dejado un traste útil en ella, pues hasta el vino que había guardado, para el sacrificio de la misa, de toda mi Doctrina se los consumieron »( Beltrán, 1977, p. 38).
A la madrugada del día siguiente, se retiran del pueblo llevando como prisionero al cura de la orden de San Agustín, José Ignacio María Mora, dirigiéndose a la hacienda de Huarca de propiedad de José María Palomo, saqueando y quemando sus pertenencias, sacrificando varias de sus ovejas para saciar el hambre, y juntando otras que son echados a andar para posteriores convites. En su trayecto a Huancayo, los integrantes del ejército realista continúan defendiéndose de las pocas guerrillas patriotas de Yauyos y Huancavelica que van quedando. Tras
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