Congreso Yauyos (Final) | Page 312

Jhonatan Salazar
de la población, que, anticipando su seguridad, había escapado hacia las zonas altas y distantes Al no encontrar alimentos, víveres, ni forraje para sus animales, saquean la iglesia, y la utilizan para atender a los soldados heridos, pero al no poder curarlos con la inmediatez que requieren en los ocho días que estuvieron en el lugar, antes de continuar su recorrido, aseguran la puerta con tablas por el exterior con los cincuenta soldados dentro, incendiándolos por diversos puntos. El comandante general de la costa sur Francisco Vidal mencionaría: « yo mismo, por mis ojos, he visto los cadáveres quemados y el pueblo asolado; no se podía estar en el pueblo ni un momento por la pestilencia y lástima que producía »( Leguia, 1972, tomo V, pp. 390-391).
Continuando con su traslado, la tropa del ejército realista, lamentan cada vez más la pérdida de algunos animales de carga por la muerte, producto del rápido avance y del peso que soportan sobre sus lomos, además de carecer de herraduras y no estar aclimatados, generando el abandono de cierta cantidad de armas y equipajes, acampando por algunos días en las cercanías del nevado Llongote. Retomando la ruta, ingresan al pueblo de Carania el 28 de Julio de 1821, rompiendo los cerrojos y puertas de las casas para los saqueos, acopiando todo tipo de comida por el hambre que cargaban, victimando a 3 varones por su avanzada edad, tomando prisioneras a 4 mujeres longevas, y quemando antes de su retirada 20 viviendas. Las condiciones higiénicas se agudizan, volviéndose cada vez más precarias, mientras que los malestares de salud se incrementan. Alimentar un gran número de personas en zonas distantes y desconocidas se volvía un reto complejo en la organización de la labor logística, motivo por el cual, a cada pueblo que llegaban antes de acaparar riquezas, buscaban en las cocinas de las casas y en los lugares impensados algo de comida para saciar el apetito.
En su recorrido, el ejército realista es forzado cada vez más a soportar y defenderse de las embestidas de la partida de guerrillas dirigidas por José Guillermo Cayro, soltando desde las laderas escabrosas galgas y bocas de fuego, generando bajas y heridos. Tal es así que, el 29 de julio ingresan al pueblo de Piños, y al no encontrar a los pobladores cometen fechorías. Juan Evangelista indicaría que, advertidos los pobladores del traslado de los realistas a su pueblo, fueron ellos mismos quienes antes de escapar han quemado sus casas manifestando: « de ese
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