Jhonatan Salazar
varios días de marcha agotadora, son recibidos por la otra parte de su ejército y por el Señor Arzobispo de La Plata que días antes arribaría desde la montaña de Pangoa, siendo alimentados en el Convento Santa Rosa de Ocopa, descansando en su interior los oficiales de la plana mayor, para continuar su ruta y llegar el 4 de agosto a Jauja.
Previamente, al enterarse José de Canterac del hostigamiento que las guerrillas ejercían sobre el virrey en la zona de Yauyos, envió, el 1 de agosto, un apoyo de auxilio para debilitar a las guerrillas, compuesto por aproximadamente 450 hombres de infantería y 180 de caballería, ingresando por el lado de Yanacocha. Este contingente avanzó por las alturas de Tomas hacia los pueblos de Huancaya, Vitis y Huaquis, encontrando estos lugares desprotegidos. Realizaron saqueos, llevándose diversos enseres de sus santuarios y redujeron a cenizas – según el parte de Juan Evangelista – la valiosa y nueva iglesia de Huancaya( Beltrán, 1977). Al evidenciar las muertes y escombros al que habían sido sometidos la tropa realista en su paso por la zona de Llapay y Laraos, el grupo de apoyo retorna al Valle del Mantaro por las alturas del pueblo de Vilca, sustrayendo animales y quemando las chozas que encuentran a su alcance, siendo repelidos con algo de demora por las partidas de guerrillas de Francisco García, sumándose a ellos las fuerzas dirigidas por Ciriaco Lovera y Pascual Cayro.
En el paso de Lima a la sierra central, los realistas van evidenciando por las alturas de los pueblos de Yauyos la táctica de « tierra arrasada » que habían asumido los pobladores al ser informados del avance de los realistas, abandonando sus tierras, destruyendo sus sementeras, y cuando no podían cargar sus víveres también las destruían. Esta táctica les servía además para salvar sus vidas y evitar los reclutamientos forzados. El militar García Camba manifiesta: « todas esas extensiones parecían un inmenso país desolado, en que muy a lo lejos se veían familias enteras indias que con sus animales se perdían en las alturas más inaccesibles de los riscos y elevaciones imposibles de alcanzar »( Roel, 1988, p. 244).
Producido la salida de La Serna de Lima, el poder de control de ambos liderazgos se va estableciendo de manera clara: San Martín ostenta mayor poder en Lima y los pueblos de la zona norte; mientras que el virrey tiene dominio en parte de la sierra central y el sur, motivo por el cual busca romper el cerco emprendido por las guerrillas patriotas,
314