Aroldo Egoavil
con la apresada y muy contentos, sacrificaron los carneros del rebelde, para la comilona y organizaron una fiesta con corrida de toros y desde luego borrachera general. Mientras tanto, los indios comandados por el rebelde se organizaban en las afueras del pueblo, esperando la llegada de la noche y se dispersan lentamente rodeando el pueblo; a la señal indicada, el 25 de julio de 1750, asaltaron las casas donde se alojaban los españoles, que desprevenidos y borrachos, lucharon infructuosamente por salvar sus vidas; sin embargo, fueron capturados y muertos; como también el corregidor: José Antonio de Salazar. Oh sorpresa, se salvaron del ajusticiamiento dos personas, que serían los causantes del posterior aplastamiento sedicioso, uno de ellos, fue un integrante del partido de los españoles o sea uno que apoyaba la acción de las huestes del corregidor; se presentó ante los rebeldes como descendiente indio – mestizo, conocido como « El Chino » y afirmaba ser hijo del curaca de la provincia de Tarma. Entonces, los rebeldes pensaron aprovechar del chino, para pedir ayuda al curaca de Tarma, confiados lo soltaron, para que viaje a esa provincia; sin embargo, el chino, se dirigió a dar aviso al capitán Francisco de Melo en Yauli; quien ya estaba prevenido con anticipación, para actuar en caso necesario. El segundo que se salvó fue el cura de Huarochirí quien, con súplicas hipócritas y juramentos, pidió su libertad. Lo soltaron, sin calcular el daño que causaría, viajando a dar aviso al virrey; este error lo hacían, por esa obediencia religiosa impuesta y enquistada con extremos de fanatismo, en las mentes de los indios, quienes temerosos de ser castigados, arrojados al infierno fantasioso, optaron por traicionarse a sí mismos.
Los sublevados, impusieron la abolición de los tributos, la eliminación de las servidumbres, obrajes, libertad de los esclavos y las mitas obligatorias; para esto impondrían nuevas autoridades en el corregimiento y en pocos días, los rebeldes controlaban gran parte de la provincia de Huarochirí y cuidaban los caminos; principalmente desconectando Lima del resto del interior porque por allí pasaba el gran camino principal desde la antigüedad.
Triunfantes los rebeldes, habían destruido el gobierno español en el corregimiento e inauguraron un nuevo orden bajo la incipiente idea de un nacionalismo, aunque fue de corta duración.
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