Congreso Yauyos (Final) | Seite 253

Transformando políticas imperiales: los Inkas y españoles en los espacios huarochiranos
construirla. Algunos hechos fueron sustentados por los testigos: Don Sebastián habría sido una de las fuerzas apoyando la construcción de la iglesia que ya estaba en pie durante la visita eclesiástica realizada por el Arzobispo Toribio de Mogrovejo. Durante su tiempo como Arzobispo de Lima, Mogrovejo fue bastante permisivo con las iniciativas de las comunidades andinas durante el proceso de evangelización( Benito Rodríguez, 2006). En Huarochirí, parece ser que no solo aprobó la capilla, sino que dio una misa en ella durante su visita. Sin embargo, no se reportan papeles oficiales sobre la solicitud de permiso o la autorización que aprobara para la construcción de la iglesia, por lo que parece que este performance del Arzobispo fue tomado por los Calaguaya como un aval. Una segunda propuesta presentada por la comunidad era que se cambiara la jurisdicción de la doctrina de Huarochirí a Chorrillos, dado que ese cura se encontraba más cerca.
En 1616, Feliciano Vega, Canónigo de la Catedral de los Reyes, envió una carta dirigida al cura que más cerca estuviere en Huarochirí para notar una curiosa acusación que le había presentado Gonzalo Ortiz de Mena, el Procurador General de Indios, en nombre de la comunidad de Calaguaya: Diego García, el cura de Huarochirí, en tándem con el nuevo curaca y el teniente gobernador, había robado de la iglesia de Calaguaya la estatua de San Francisco, y se la había llevado a la iglesia de Huarochirí. Con esta movida, el cura inhabilitaba la iglesia de Calaguaya como escenario de actos religiosos, dado que perdía su adorno y dedicación. La comunidad protestaba, enfatizando que la estatua había sido hecha con los recursos comunales, y que se les hacía un « agravio manifiesto por sacarlos de su hábitat natural donde tienen sus casas y chacras ». La investigación es encomendada al cura de San Lorenzo de Quinti, Isidro de Saavedra, quien finalmente dicta sentencia: la comunidad de Calaguaya había construido la iglesia sin licencia, con tan solo el permiso de sus curacas, por lo que los curas no tenían la obligación de trasladarse hasta ella. Irónicamente, Saavedra nota que sería una gran imposición para los curas tener que viajar hasta el paraje, y que « por estar tan apartado en mucha soledad se puede entender de ellos viven sin cristiandad ». La comunidad sólo podría quedarse en Calaguaya durante los tiempos de siembra y cosecha, estimado como no más de mes para cada una, y el resto del tiempo tendrían que residir en sus pueblos de
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