Drones asesinos, aranceles, Brexit, populismo, coronavirus…
¿Qué podría salir mal?
Hubo un tiempo en que los analistas económicos miraban lo que se llamaba fundamentos económicos. Balanzas comerciales, déficit fiscal, deuda, mercado de trabajo…Una serie de indicadores que permitían preanunciar políticas económicas a los agentes económicos y planificar decisiones.
Los cálculos económicos han mejorado gracias a la computación y también a que las administraciones, especialmente las públicas, manejan más datos. Ambas cosas han permitido retocar y corregir algunos modelos económicos, muchas veces más cargados de ideología que de verificabilidad.
Con esos fundamentos en la mano y los modelos en curso, la economía mundial no debería empeorar demasiado. Cierto que no ha recuperado, especialmente en rentas, los niveles anteriores a la crisis financiera de 2007, pero cierto, también, que la sala de máquinas solo esperaba un pequeño descanso.
La solución podría venir precisamente de mejoras salariales y de consumo; de inversiones públicas de los países que han recuperado sus márgenes. También, de que los países emergentes sigan siendo emergentes, especialmente China.
Súbitamente, sin embargo, todo se ha complicado y cualquier previsión puede fracasar. Vivimos en un momento en que cualquier problema se multiplica en una sociedad conectada, las retrasmisiones a través de redes sociales, la guerra comercial, la virulencia de las fake news y de los medios masivos de desinformación.
Un coctel difícil de digerir por inversores, cada vez menos interesados en la economía real y más en los dividendos. Los expertos financieros han sustituido a los expertos en el negocio.