res. A mí no me gusta estar afuera y fue la única experiencia, me gusta
estar acá. Y me habían dado en esa casa que estaba frente a un lago en
las afueras de Berlín, evidentemente el mejor lugar de la casa, la mejor
habitación. Con un estudio que tenía un mirador al lago, y yo me iba
a escribir a un barsucho que había enfrente, en la estación de tren. Por
definición era un bar en el que nadie se sentaba a tomar, la gente llegaba
diez minutos más temprano, tomaba un café de parado y seguía. Yo me
sentaba todas las mañanas ahí a escribir. Obviamente al tercer día el tipo
me preguntó: “¿Qué onda?” Un barcito, con dos o tres mesas y la barra,
y yo me iba a escribir ahí, no en el mirador solo, a mí me gusta la gente
y el murmullo. Afuera además es más fácil porque no te distrae, porque
no entendés lo que hablan. Pero así y todo, en general (Nos callamos un
momento, escuchamos el bullicio del bar) se te tiene que sentar alguien
muy urraca al lado, sino es la música perfecta. Me doy cuenta al leer
también, en mi casa leo cuarenta, cincuenta minutos y me distraigo,
“¿Qué hago?” junto todo y me voy al bar.
T: ¿En qué momento te reconocés, o más bien te volcás a la escritura?
M: O sea, de reconocerme como escritor, nunca. Porque incluso en las
intervenciones públicas, en las que se me interpela como escritor, yo
hablo como profesor. ¿Por qué yo puedo estar como me tocó ir a una feria de no sé dónde a hablar para doscientas cincuenta personas? Porque
soy profesor y estoy acostumbrado a hablar para mucha gente, y los
saberes que pongo en juego cuando hablo en público son los que tengo
en mi formación como profesor y crítico. No hablo de otras cosas que de
eso. Entonces no me visto como escritor. Ahora, si de lo que hablamos es
de “escribir”, de muy chico. De lo primero que yo recuerdo, por vergüenza, que yo había escrito y fue leído, fue a los once años. Había escrito una
novela que se la di a los chicos del grado, alguno se lo llevó a la casa se la
pasó a los padres y un adulto me leía. Me acuerdo muy bien la vergüenza
que me dio, que me leía gente grande que no conocía, el padre de alguna
compañera. A los trece, en el secundario, escribí una biografía falsa de
mi mejor amigo, poniéndolo en ridículo, circulo por todo el colegio y
todo el mundo se cagaba de risa de él, me agradecía por hacerlo famoso.
Yo lo uno a “leer”, te vas solo y te ponés con lo tuyo. Que es algo que
después me fue marcando, leer se hace solo, escribir se hace solo, y andar
en bici que es algo que yo hacía mucho de chico y ahora otra vez, se hace
solo. Las cosas que no se hacen solo también tengo la tendencia de ha-