Chubasco en Primavera Nº 6 | Seite 32

res. A mí no me gusta estar afuera y fue la única experiencia, me gusta estar acá. Y me habían dado en esa casa que estaba frente a un lago en las afueras de Berlín, evidentemente el mejor lugar de la casa, la mejor habitación. Con un estudio que tenía un mirador al lago, y yo me iba a escribir a un barsucho que había enfrente, en la estación de tren. Por definición era un bar en el que nadie se sentaba a tomar, la gente llegaba diez minutos más temprano, tomaba un café de parado y seguía. Yo me sentaba todas las mañanas ahí a escribir. Obviamente al tercer día el tipo me preguntó: “¿Qué onda?” Un barcito, con dos o tres mesas y la barra, y yo me iba a escribir ahí, no en el mirador solo, a mí me gusta la gente y el murmullo. Afuera además es más fácil porque no te distrae, porque no entendés lo que hablan. Pero así y todo, en general (Nos callamos un momento, escuchamos el bullicio del bar) se te tiene que sentar alguien muy urraca al lado, sino es la música perfecta. Me doy cuenta al leer también, en mi casa leo cuarenta, cincuenta minutos y me distraigo, “¿Qué hago?” junto todo y me voy al bar. T: ¿En qué momento te reconocés, o más bien te volcás a la escritura? M: O sea, de reconocerme como escritor, nunca. Porque incluso en las intervenciones públicas, en las que se me interpela como escritor, yo hablo como profesor. ¿Por qué yo puedo estar como me tocó ir a una feria de no sé dónde a hablar para doscientas cincuenta personas? Porque soy profesor y estoy acostumbrado a hablar para mucha gente, y los saberes que pongo en juego cuando hablo en público son los que tengo en mi formación como profesor y crítico. No hablo de otras cosas que de eso. Entonces no me visto como escritor. Ahora, si de lo que hablamos es de “escribir”, de muy chico. De lo primero que yo recuerdo, por vergüenza, que yo había escrito y fue leído, fue a los once años. Había escrito una novela que se la di a los chicos del grado, alguno se lo llevó a la casa se la pasó a los padres y un adulto me leía. Me acuerdo muy bien la vergüenza que me dio, que me leía gente grande que no conocía, el padre de alguna compañera. A los trece, en el secundario, escribí una biografía falsa de mi mejor amigo, poniéndolo en ridículo, circulo por todo el colegio y todo el mundo se cagaba de risa de él, me agradecía por hacerlo famoso. Yo lo uno a “leer”, te vas solo y te ponés con lo tuyo. Que es algo que después me fue marcando, leer se hace solo, escribir se hace solo, y andar en bici que es algo que yo hacía mucho de chico y ahora otra vez, se hace solo. Las cosas que no se hacen solo también tengo la tendencia de ha-