escritor”, “Si” digo yo, “Te felicito”. ¿Por qué me felicitas? Muy probablemente soy un desastre. Y nadie dice en otras disciplinas, salvo por ahí algunas cosas artísticas. A mí por ejemplo me puede pasar con un pianista
por ejemplo. “Yo soy pianista” Uy, le podría decir te felicito. Quizás que
pifia todas las teclas, no hay por qué felicitarlo. ¿Por qué ese a priori? El
mérito está en hacer las cosas bien. Entonces esa práctica, o esas identidades auráticas del escritor, que uno podría incluso ponerle mayúscula.
Me parece que lo primero que hay que hacer es desarmar eso. O por lo
menos en mi caso que nunca quise “Ser Escritor”. Quedo como un poco
perplejo frente a eso, y otra vez, el deseo y las aptitudes. Así como a Martha Argerich su aptitud para el piano, la llevó a ser pianista, mi falta de
aptitudes me despojó de la libertad de ser arquero de primera división.
Yo me fantaseaba así. Cuando a los trece, catorce años era evidente que
no iba a pasar el metro sesenta y ocho, ¿Arquero de qué? Caja torácica:
Cincuenta centímetros, ¿Arquero de qué? Yo hacía la de dios de Gatti,
pero no tapaba nada. Gatti tapaba todo el arco, yo hacía lo mismo y no
me veían. Bueno, fin del deseo.
J: Aparte ahora que están saliendo futbolistas que escriben cuentos, podrías haber hecho todo.
M: Claro, ni tener que elegir. Es complejo eso y al mismo tiempo ¿Estoy
seguro que era mi deseo? Estamos hablando de una fantasía de un chico
de diez años. ¿Deseo? Porque deseo era también manejarse en ese medio
social que no era el mío. Una vez me fui a probar a defensores, a los doce
años. Y no había sabido manejarme en ese entorno social, los pibes me
pasaban por encima en esa tarde.
“Acá hay agua” y yo fui y no había más, era el boludo que caminó más
despacio, que pensó que había una para cada uno, que se iba a agarrar
solamente una. Los pibitos se agarraron una, dos o tres, una guardaron,
una tomaron, una se la dieron al primo. Yo fui el boludo. ¿Estoy seguro
que habría querido realmente esa vida para mí? En un medio en el que
no me habría sabido desempeñar en absoluto. Es como decir Woody
Allen arquero de chicago, ¡No va! Entonces, es la fantasía de un chico de
nueve o diez años, pero no estoy del todo seguro de que a veces no pase
lo mismo con lo que se supone del escritor. El que imagina que tu entrada a la sala “Roberto Arlt” de la feria del libro, es lo que yo imaginaba
que suponía ser Gatti y salir por el túnel, o más concretamente, llegar al
arco de casa amarilla y saludar a la tribuna. Solo que estoy convencido,