Chubasco en Primavera Nº 6 | Page 20

escritor”, “Si” digo yo, “Te felicito”. ¿Por qué me felicitas? Muy probablemente soy un desastre. Y nadie dice en otras disciplinas, salvo por ahí algunas cosas artísticas. A mí por ejemplo me puede pasar con un pianista por ejemplo. “Yo soy pianista” Uy, le podría decir te felicito. Quizás que pifia todas las teclas, no hay por qué felicitarlo. ¿Por qué ese a priori? El mérito está en hacer las cosas bien. Entonces esa práctica, o esas identidades auráticas del escritor, que uno podría incluso ponerle mayúscula. Me parece que lo primero que hay que hacer es desarmar eso. O por lo menos en mi caso que nunca quise “Ser Escritor”. Quedo como un poco perplejo frente a eso, y otra vez, el deseo y las aptitudes. Así como a Martha Argerich su aptitud para el piano, la llevó a ser pianista, mi falta de aptitudes me despojó de la libertad de ser arquero de primera división. Yo me fantaseaba así. Cuando a los trece, catorce años era evidente que no iba a pasar el metro sesenta y ocho, ¿Arquero de qué? Caja torácica: Cincuenta centímetros, ¿Arquero de qué? Yo hacía la de dios de Gatti, pero no tapaba nada. Gatti tapaba todo el arco, yo hacía lo mismo y no me veían. Bueno, fin del deseo. J: Aparte ahora que están saliendo futbolistas que escriben cuentos, podrías haber hecho todo. M: Claro, ni tener que elegir. Es complejo eso y al mismo tiempo ¿Estoy seguro que era mi deseo? Estamos hablando de una fantasía de un chico de diez años. ¿Deseo? Porque deseo era también manejarse en ese medio social que no era el mío. Una vez me fui a probar a defensores, a los doce años. Y no había sabido manejarme en ese entorno social, los pibes me pasaban por encima en esa tarde. “Acá hay agua” y yo fui y no había más, era el boludo que caminó más despacio, que pensó que había una para cada uno, que se iba a agarrar solamente una. Los pibitos se agarraron una, dos o tres, una guardaron, una tomaron, una se la dieron al primo. Yo fui el boludo. ¿Estoy seguro que habría querido realmente esa vida para mí? En un medio en el que no me habría sabido desempeñar en absoluto. Es como decir Woody Allen arquero de chicago, ¡No va! Entonces, es la fantasía de un chico de nueve o diez años, pero no estoy del todo seguro de que a veces no pase lo mismo con lo que se supone del escritor. El que imagina que tu entrada a la sala “Roberto Arlt” de la feria del libro, es lo que yo imaginaba que suponía ser Gatti y salir por el túnel, o más concretamente, llegar al arco de casa amarilla y saludar a la tribuna. Solo que estoy convencido,