porque obviamente ya sabemos que la sociedad de consumo produce el
deseo y la necesidad. No viene satisfacerlo.
T: A exacerbarlo.
M: Obviamente. Entonces ya la disposición no es mi deseo frente a la
libertad, el conflicto se aloja al interior del deseo. El conflicto entre el
propio impulso, la propia necesidad, el propio placer y los condicionamientos sociales, están también al interior del deseo. De lo que se presenta como deseo. No es solo el deseo y el mundo.
T: Bueno, y ahí el lenguaje en tanto soporte de los integrativos categóricos, de las pautas sociales en común, del ritual cotidiano social común.
La pertenencia, la identidad.
M: Bueno, el lenguaje lo transparenta, ese tipo de palabras que o vienen
cargadas de prestigio o de malestar. La literatura pone eso en juego para
mí de un modo muy interesante, muy conflictivo, porque por un lado
promete ser un reino de la libertad, pero a la vez socialmente hay bastante ambivalencia con la literatura. Por ejemplo, la elección. Bueno,
vos (Hablándole a Joaquín) no sé tu caso como ha sido. Es un momento interesante para mí del final de la adolescencia, o lo que antes era el
final de la adolescencia. Ahora la adolescencia termina hacia los treinta
y nueve, o cuarenta años. Ese momento de elección y decisión muy
grande, que era “¿Qué carrera ibas a seguir?”. Es un momento interesante
para interrogar una libertad. ¿Qué pasa entre el deseo o la vocación y la
decisión?
J: De por sí, la idea de que alguien a los dieciocho años sabe que es lo
que quiere hacer.
M: Claro, porque ahí hay otro mandato, hay una idea de Sartre que a mí
siempre me resultó muy iluminadora, cuando dice que su idea de la libertad es: “Estamos condenados a la libertad”. Conjuga la idea de la libertad con la condena y la obligación por elegir. No podemos no hacerlo. La
idea de que la libertad es algo a lo que estamos forzados, para lo que esto
sería un buen ejemplo, explica que quizás uno no puede o quiere elegir.
D: Mucha gente, y justamente hablando del deseo, tiene el deseo de
estudiar algo y muchos otros no saben qué hacer, y muchísimo menos a
los dieciocho años.
J: O peor, le imponen este deseo, elige una carrera y ahí se ven después
los CBC´s desertados de gente.
M: “Que se equivocó”.