Chubasco en Primavera Nº 6 | Page 15

das dos pasos y se terminó eso. ¿La fama? ¿Qué fama? Famosos son los futbolistas. Famoso es Wainraich que va a la cancha y lo reconocen. Yo salí a doble página en el gráfico y no me reconoce nadie en la cancha. “Che, ¿Pero no leen el gráfico?”, “Si, pero las páginas mías la saltean”. ¿Qué se van a acordar de uno que apareció? Entonces, no da fama, ni dinero, ¿Qué da? Da placer. Ahora el que no vive eso con placer, no entiendo para qué lo hace, para qué se somete a eso. Ahora, fuera de la literatura, el deseo también me parece una de las cosas que hay que interrogar, por eso también mi interrogación sobre la libertad, porque la disposición más sencilla, o usual, de la problemática de la libertad es plantear un conflicto entre los deseos y la libertad. Asumirse uno en el lugar del deseo, la plenitud del deseo, la certeza sobre los propios deseos, y en la medida en que esos deseos encuentran límites, imposibilidades, obstáculos. La libertad estaría condicionada. Esto es cierto, no es que no sea cierto, pero yo tiendo a revisar qué pasa con el propio deseo. Porque no es cierto que nuestro deseo sea seguro. ¿Cómo estamos tan seguros de que lo que deseamos lo deseamos? Porque si vos supones que los condicionamientos sociales son puramente externos. O sea, que nosotros somos iguales a nosotros mismos, verdaderos con nosotros mismos, plenos respecto a nuestra propia subjetividad deseante, y afuera están los límites sociales. Los límites sociales están adentro también, se llaman ideología. Entonces cuando uno desea algo, bueno hay que ver la autenticidad de ese deseo. Es seguro. Cuando querés comprar algo, es seguro que lo deseas. Incluso en el plano erótico. Por ejemplo, yo recibí una educación machista muy fuerte, porque no soy de la “Generación machista”, soy quizás de la penúltima generación, por ahí estoy hablando con demasiado optimismo, educado por padres machistas. El mandato de desear, el MANDATO. El “Macho argentino” desea a TODAS las mujeres. Es un mandato. O sea, el deseo a veces cobra la forma de un mandato. En la educación machista, tenés que desear a todas, porque si es una mina y vos sos un macho, las habrá mejores, medio más o menos, pero finalmente siempre es una mina. Por lo tanto siempre es deseable. ¿Qué pasa en ese deseo que se constituye en el mandato? No contra los mandatos. Tenés que interrogar tus propios deseos, ¿Realmente yo deseo esto? Por no hablar del universo del consumo, en el que permanentemente tenemos la idea de que deseamos algo y tenemos que desconfiar