C(h)arácter Vol 1 March-April 2013 | Page 64

C(H)ARÁCTER Ese día al mundo abordaron nuevas y temibles criaturas, las cuales eran como altos y oscuros caballeros que se encargaban de cegar a las personas, y de ocultar todo lo bello de su ser. Luego, ya cuando se había establecido totalmente el terrible estandarte de la luna y la perpetua oscuridad,- y ambos individuos recapacitaban aquella historia, llegaron nuevos soldados de Arragmed-, y tras varias horas de lucha en las cuales Giba y Ogiba recibieron un arduo entrenamiento se fueron a dormir Día de Saturno, el séptimo Despertaron ambos. El clima era terriblemente frío, pero esto no impidió gastar un poco de energía para producir comida artificial directo de las entrañas de Giba. Mientras tanto, comiendo, Giba se dirigió a su amigo humano, y le dijo -Verás hace tiempo, cuando mi imperio era joven y la vida era efímera para cada una de las personas y seres, pasó algo maravilloso. Saturno, quien estaba profundamente triste, puesto a su historia, todos los días se sentaba en el borde de su ventana, y al frente observaba un hermoso paisaje, con un camino, sí, y también con un río, el cual se regaba hasta el final de la cañada. Asimismo, una montaña alta y blanca, la cual, por debajo esparcía una cantidad inmensa de arboles, formando así un bosque interminable y mágico, en el cual parecieran reinar las fuerzas más bellas del universo. Un día, mientras observaba, se dio cuenta de que él podía crear algo bellísimo. Algo que ocultaría sus penas y las de todos por siempre. Algo que no tendría porque lucharse ni odiarse. Algo que fuera la única cosa verdaderamente perfecta y que esté siempre allí. Y que así nadie le ponga atención, todos estén involucrados en ella. Fue así como, decidido, partió en un viaje eterno por todos los lugares de todos los universos. Lugares vivos y muertos, rescatando así en un tarro mágico, un poco de la esencia pura y buena de cada lugar y persona que encontraba. Fue así como después de un viaje casi eterno, regresó al fin a casa, y juntos todos los tarros, y en un momento mágicamente inexplicable los abrió. De ahí salió un millar de gente extraña, pero feliz, todos con una sonrisa, y al final un rey vestido con trapos sucios. Todos eran músicos Fue el descubrimiento más bello de la historia. Por fin se creó aquella cosa innatamente perfecta de todos, la música. En seguida, dioses y criaturas, reyes y esclavos, la compartieron felices, mientras los músicos seguían ahí, esperando cada día para sacar algo bello. Y aunque estuvieran tristes, ellos simplemente sacaban su partitura, su hermano o instrumento y hacían lo más bello jamás creado: la música, el amor, la pasión, ¿qué más querer?... 64