C(H)ARÁCTER
Ese día al mundo abordaron nuevas y temibles criaturas, las cuales eran como
altos y oscuros caballeros que se encargaban de cegar a las personas, y de
ocultar todo lo bello de su ser. Luego, ya cuando se había establecido totalmente
el terrible estandarte de la luna y la perpetua oscuridad,- y ambos individuos
recapacitaban aquella historia, llegaron nuevos soldados de Arragmed-, y tras
varias horas de lucha en las cuales Giba y Ogiba recibieron un arduo
entrenamiento se fueron a dormir
Día de Saturno, el séptimo
Despertaron ambos. El clima era terriblemente frío, pero esto no impidió gastar
un poco de energía para producir comida artificial directo de las entrañas de
Giba. Mientras tanto, comiendo, Giba se dirigió a su amigo humano, y le dijo
-Verás hace tiempo, cuando mi imperio era joven y la vida era efímera para
cada una de las personas y seres, pasó algo maravilloso. Saturno, quien estaba
profundamente triste, puesto a su historia, todos los días se sentaba en el borde
de su ventana, y al frente observaba un hermoso paisaje, con un camino, sí, y
también con un río, el cual se regaba hasta el final de la cañada. Asimismo, una
montaña alta y blanca, la cual, por debajo esparcía una cantidad inmensa de
arboles, formando así un bosque interminable y mágico, en el cual parecieran
reinar las fuerzas más bellas del universo. Un día, mientras observaba, se dio
cuenta de que él podía crear algo bellísimo. Algo que ocultaría sus penas y las de
todos por siempre. Algo que no tendría porque lucharse ni odiarse. Algo que fuera
la única cosa verdaderamente perfecta y que esté siempre allí. Y que así nadie le
ponga atención, todos estén involucrados en ella. Fue así como, decidido, partió
en un viaje eterno por todos los lugares de todos los universos. Lugares vivos y
muertos, rescatando así en un tarro mágico, un poco de la esencia pura y buena
de cada lugar y persona que encontraba. Fue así como después de un viaje casi
eterno, regresó al fin a casa, y juntos todos los tarros, y en un momento
mágicamente inexplicable los abrió. De ahí salió un millar de gente extraña, pero
feliz, todos con una sonrisa, y al final un rey vestido con trapos sucios. Todos
eran músicos Fue el descubrimiento más bello de la historia. Por fin se creó
aquella cosa innatamente perfecta de todos, la música. En seguida, dioses y
criaturas, reyes y esclavos, la compartieron felices, mientras los músicos seguían
ahí, esperando cada día para sacar algo bello. Y aunque estuvieran tristes, ellos
simplemente sacaban su partitura, su hermano o instrumento y hacían lo más
bello jamás creado: la música, el amor, la pasión, ¿qué más querer?...
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