C(h)arácter Vol 1 March-April 2013 | Seite 63

Tras una larga lista de toma de decisiones, decidió escaparse algún día de aquella prisión mística para ver por primera vez el mundo real. Pero nunca lo hizo pasaron años, siglos, e incluso tal vez milenios, quién sabe Hasta que un día logró pararse del trono y escaparse del palacio. Sabía que apenas saliera iba a estar condenado a morir. Pero no le importo. Pasó mucho tiempo. Observaba todos los días absorto el horizonte, y contemplaba cómo su cuerpo y espíritu se envejecían. Hasta que un día murió, como un buen hombre alto, gordo y de barba blanca en el pueblo más humilde, tierno y pequeño del universo. Luego de eso, de repente, como de milagro, el pobre hombre despertó, en un lugar extrañísimo en el cual se hablaban lenguas incomprensibles, y al mirarse a sí mismo se dio cuenta que se encontraba en un cuerpo de niño, y que acompañado por su madre y por una manzana, le esperaba su primer día de escuela Ese día llegaron repentina y hermosamente unas criaturas grandes y blancas, a las cuales les era debido destruir las cárceles en las que se encontraban los hombres. Asimismo les era un encargo destruir las criaturas que previamente habían llegado al mundo, devolviendo así la tranquilidad mental a cada persona. Luego, ya cuando se había establecido totalmente el terrible estandarte de la luna y la perpetua oscuridad,- y ambos individuos recapacitaban aquella historia-, llegaron nuevos soldados de Arragmed, y tras varias horas de lucha en las cuales Giba y Ogiba recibieron un arduo entrenamiento se fueron a dormir Día de Afrodita y Psique, el sexto Despertaron ambos, el clima era terriblemente frío, pero esto no impidió gastar un poco de energía para producir comida artificial directo de las entrañas de Giba, mientras tanto, comiendo, Giba se dirigió a su amigo humano, y le dijo -Verás hace tiempo, cuando mi imperio era joven y la vida era efímera para cada una de las personas y seres, pasó algo maravilloso. Afrodita y Psique, eran dos seres lejanos, uno del sur y otro del norte. Ambas criaturas eran caprichosas y enloquecidamente románticas. Un día, bajo el melancólico aroma de los pinos, se encontraron y se enamoraron. Pero eran tan caprichosas que pretendían que la otra persona les hablará, ya que se sentían demasiado importantes como para ellas saludar. Al fin y al cabo, nunca se saludaron y nunca se pudieron amar, por caprichosas. Y ahí están y seguirán estando, esperando a que le hable la una a la otra en un acto desesperado de amor, pero eso, eso nunca pasará 63