Por esto era adorada por todas las personas. Un día caminando sola por los
cuarteles del ejército, conoció a su verdadero amor. Era Marte, a quien se le
había otorgado la terrible y triste capacidad de la guerra. Entonces después,
Venus decidió quitarse la belleza, y la introdujo en una caja, la cual lanzó por el
universo, y ahora anda haciendo cosas hermosas en todos los lugares. Y en
cuanto a Marte, él se quitó la capacidad de la guerra, y erróneamente la mando al
universo, infectando así a todos los seres eternamente por este “don”
Así y por esto, Venus y Marte fusionaron el don del amor, y lo compartieron entre
sí, volviéndose así los seres más felices de todos los tiempos. Pero sobró un poco
de este preciado material, y desesperadamente, también lo enviaron a la oscura
profundidad del universo, haciendo así que hoy en día y por siempre, las
personas y los seres estén condenados de forma alegre al amor - Giba se
detuvo y se secó las lágrimas que había derramado por todo el lugar
Ese día llegó una manada infinita de bellas y coloridas criaturas, las cuales,
animadas, revivían los espíritus del amor, y transformaban las antiguas criaturas
de túnicas negras en otras nuevas y felices iguales a ellas, devolviendo así, de
nuevo, el amor al mundo. Luego, ya cuando se había establecido totalmente el
terrible estandarte de la luna y la perpetua oscuridad,- y ambos individuos
recapacitaban aquella historia-, llegaron nuevos soldados de Arragmed, y tras
varias horas de lucha en las cuales Giba y Ogiba recibieron un arduo
entrenamiento se fueron a dormir
Día de Mercurio, el tercero
Despertaron, ambos, el clima era terriblemente frío, pero esto no impidió gastar
un poco de energía para producir comida artificial directo de las entrañas de Giba,
mientras tanto, comiendo, Giba se dirigió a su amigo humano, y le dijo
-Verás hace tiempo, cuando mi imperio era joven y la vida era efímera para
cada una de las personas y seres pasó, algo maravilloso. En el planeta más fértil
y alegre de este sistema solar, el cual era Mercurio, había nacido Ío una
doncella bellísima, la cual poseía todas las cualidades bellísimas de los seres.
Pero su padre, un tirano obsesivo, la encerró en su castillo. No permitió que
saliera nunca por miedo a que perdiera sus capacidades, corrompida por la
sociedad. Pero un día, Mercurio, uno de los empleados de palacio, ingresó en su
habitación sin querer, y por primera vez, otra persona distinta a su padre la vio.
Quedaron enamorados, pero enseguida ingresó el padre y lo expulsó del lugar
violentamente.
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