C(h)arácter Vol 1 March-April 2013 | Page 61

Por esto era adorada por todas las personas. Un día caminando sola por los cuarteles del ejército, conoció a su verdadero amor. Era Marte, a quien se le había otorgado la terrible y triste capacidad de la guerra. Entonces después, Venus decidió quitarse la belleza, y la introdujo en una caja, la cual lanzó por el universo, y ahora anda haciendo cosas hermosas en todos los lugares. Y en cuanto a Marte, él se quitó la capacidad de la guerra, y erróneamente la mando al universo, infectando así a todos los seres eternamente por este “don” Así y por esto, Venus y Marte fusionaron el don del amor, y lo compartieron entre sí, volviéndose así los seres más felices de todos los tiempos. Pero sobró un poco de este preciado material, y desesperadamente, también lo enviaron a la oscura profundidad del universo, haciendo así que hoy en día y por siempre, las personas y los seres estén condenados de forma alegre al amor - Giba se detuvo y se secó las lágrimas que había derramado por todo el lugar Ese día llegó una manada infinita de bellas y coloridas criaturas, las cuales, animadas, revivían los espíritus del amor, y transformaban las antiguas criaturas de túnicas negras en otras nuevas y felices iguales a ellas, devolviendo así, de nuevo, el amor al mundo. Luego, ya cuando se había establecido totalmente el terrible estandarte de la luna y la perpetua oscuridad,- y ambos individuos recapacitaban aquella historia-, llegaron nuevos soldados de Arragmed, y tras varias horas de lucha en las cuales Giba y Ogiba recibieron un arduo entrenamiento se fueron a dormir Día de Mercurio, el tercero Despertaron, ambos, el clima era terriblemente frío, pero esto no impidió gastar un poco de energía para producir comida artificial directo de las entrañas de Giba, mientras tanto, comiendo, Giba se dirigió a su amigo humano, y le dijo -Verás hace tiempo, cuando mi imperio era joven y la vida era efímera para cada una de las personas y seres pasó, algo maravilloso. En el planeta más fértil y alegre de este sistema solar, el cual era Mercurio, había nacido Ío una doncella bellísima, la cual poseía todas las cualidades bellísimas de los seres. Pero su padre, un tirano obsesivo, la encerró en su castillo. No permitió que saliera nunca por miedo a que perdiera sus capacidades, corrompida por la sociedad. Pero un día, Mercurio, uno de los empleados de palacio, ingresó en su habitación sin querer, y por primera vez, otra persona distinta a su padre la vio. Quedaron enamorados, pero enseguida ingresó el padre y lo expulsó del lugar violentamente. 61