Censurada Marzo, 2016 | Page 4

¡ES0 ESTÁ PARA MORIRSE!

Hay cuentos, películas y canciones que nos conmueven y que describen perfectamente un momento en nuestras vidas. El arte tiene el don de poder decir lo que sentimos, pero que no podemos poner en palabras. Sin embargo, existe un riesgo cuando lo único que sentimos nos entiende en todo el mundo es el personaje de un libro, una canción o una historia: podríamos terminar como ellos. Suena descabellado que si nuestro personaje favorito en un libro se suicida nos invadan las ganas de hacer lo mismo, pero así es (por lo menos en numerosos casos) donde lectores románticos, rebeldes inconformes y corazones rotos decidieron quitarse la vida.

Por supuesto, en cualquier país, región o comunidad donde una obra esté haciendo que la gente se suicide, habrá algún tipo de intervención. Tanto iglesias, como líderes sociales, cadenas de radio y televisión e incluso la ley intervinieron para evitar la difusión de libros y canciones causantes de tan macabro efecto. A continuación se mostraran tres peculiares casos de “Cuando el suicidio se vuelve contagioso”.

El primer caso se encargó de bautizar el fenómeno, que recibe el nombre de “Efecto Werther”. El nombre de este efecto la acuñó el sociólogo David Phillips en 1974, para describir el efecto de la sugestión en la conducta suicida. Es la primera noción psicológica de la relación que un libro puede tener con las tasas de suicidio, y surge desde la investigación del escándalo causado por “Las penas del joven Werther” escrito por Goethe en 1774. En aquella época, los jóvenes desesperados por sentir algo así fuera doloroso, encontraron en Werther un refugio para la insípida y autoritaria época. Comenzaron a vestir como el héroe y a recrear su vida, lo cual no fue tan escandaloso hasta que aquello liberó una ola de suicidios por toda Europa que fascinaba a los colegas escritores, pero aterrorizaba a las familias y autoridades. Aquel pequeño libro auspició un movimiento de la época que apenas comenzaba a sentirse: el Sturm und Drang. Fue tanto el alboroto que no sólo se reguló la venta del libro, sino que Alexei Nicolai se encargó de modificar el final para ofrecer a los jóvenes un Werther que termina por hacerse una persona cívica y reflexiva una vez decide no suicidarse.

Otro caso muy popular, pues causó revuelo a nivel internacional durante la primera mitad del siglo XX fue la canción censurada Gloomy Sunday, por el húngaro Reso Seress. La canción fue un resultado de la depresión, pues fue escrita después de ser abandonado por su novia, ya que estaba desempleado y su carrera musical parecía no ir a ningún lado. En la canción él dice a su amante que la única forma en la que podría demostrar la intensidad de su amor sería acabando con su vida. Fue lanzada durante la Gran Depresión, y tuvo una gran acogida internacional. Tan grande que sus efectos cruzaron al otro lado del pacífico, teniendose constancia de suicidios relacionados con ésta en Estados Unidos y toda Europa. Eran tantos los románticos que citaban la letra de Gloomy Sunday en sus notas suicidas que la BBC censuró esta canción, a la vez que muchas radios europeas y entre sus 76 versiones, la única permitida en Estados Unidos fue la de Billie Holiday, modificada para cambiar el sentido de su letra a algo menos tétrico y más amigable para las masas.

El tercer caso, le corresponde a Ibis, la polémica novela del controversial Vargas Vila. Éste poeta colombiano no sólo fue excomulgado por sus acusaciones a la iglesia por la pedofilia, sino que también fue víctima del escarnio hasta tener que exiliarse de Bogotá en España y París. Llevando una vida hedonista, revolucionaria y escandalosa, el poeta fue autor del libro que inspiró miles de suicidios a lo largo del cono sur. Existen registros de suicidios en Panamá, Honduras, Colombia, Argentina, Chile y Venezuela en donde dos amantes ponen la razón de su suicidio en alguna de las páginas de esta novela. Se atribuye la proliferación de suicidios a sus temas centrales: el peligro de lo femenino y la muerte, todo bajo el velo de lo erótico. Fue tal el estruendo de los acontecimientos que se prohibió la publicación de Ibis en editoriales de todos los países anteriormente mencionados, dejando sólo unas pocas copias para los curiosos que quieran leer las páginas fatales. Un siglo más tarde, sigue siendo casi imposible toparse con cualquier obra del autor, pero los mitos son tan populares que el nombre Ibis se pregunta con frecuencia y algo de morbo en las librerías.

Aunque a veces se crea que el arte no va mucho más allá de algo para contemplar, los efectos mortales de algunas obras siguen cobrando víctimas todos los días. Si la ley ve la necesidad de besar, cambiar o censurar parcial o totalmente una obra de arte es por seguramente ¡Está de muerte lenta!

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Juana Valentina Monroy

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