El caso de Colombia
La estrategia Colombia “Crea 2030”, propues-
ta por el gobierno del presidente Ivan Duque,
está impulsando una transversal para posicio-
nar las industrias culturales en el centro de la
agenda de desarrollo. La misma se construyó
con el propósito de presentar un conjunto de
políticas públicas que apunten a consolidar la
economía naranja como un sector estratégico
de la economía colombiana, logrando a su vez
impulsar la agenda de los Objetivos de Desa-
rrollo Sostenible 2030 establecidos por la ONU,
teniendo como eje central y transversal la adop-
ción, adaptación y apropiación de las industrias
culturales y creativas.
La estrategia colombiana propone que “el
mundo está enfrentando una revolución sin
precedentes. La Cuarta Revolución Industrial,
a diferencia de las tres anteriores, formula un
reto en la producción de las mentefacturas
(bienes y servicios producto de nuestros sue-
ños, identidad e imaginación), el desarrollo de
habilidades blandas (atributos personales para
relacionarse con los demás) y nuevas formas de
empleo y de hacer empresa”
Oportunidades
Optimizar los indicadores de formalización
laboral es fundamental, para esto apostamos
por la clusterización ordenada, infraestructura
cultural de calidad y un entorno amigable para
el emprendimiento. Se debe repensar la educa-
ción hacia un enfoque dirigido a la resolución
EL NIÑO GENIO
BOLIVIANO QUE SE
FABRICÓ SU PROPIA
MANO ROBÓTICA
Leonardo Viscarra es un niño boli-
viano. Cuando estaba en el vientre de
su mamá, la mano izquierda se le que-
dó enredada en la placenta y no se pudo
desarrollar del todo. Le diagnosticaron
síndrome de la banda amniótica, una
enfermedad congénita causada cuando
las hebras amnióticas del saco de la ma-
dre se entrelazan con las extremidades
del feto.
A sus 8 años descubrió la tecnología
por pura casualidad al romper un ca-
rrito de juguete. “Yo le tiré una piedra
y el carro se rompió y pude ver la placa
y los motores”, relató el niño boliviano,
quien asegura que desde ahí se sintió
atraído por la mecánica.
tarde, consiguió una más mecanizada,
pero esta no le encajaba del todo y no
parecía muy práctica.
Hoy Viscarra, después de mucho
trabajo y de manera casi empírica, lo-
gró construir su propia mano robótica
mediante una impresora 3D, con la que
ahora puede “agarrar vasos, frascos y
una variedad de objetos que antes no
podía sostener”. Cuando estaba más
pequeño, comenzó con una mano muy
precaria que era una suerte de pinza.
Sin embargo, no era muy funcional y
solo le servía para tomar objetos. Más
Se contactó con una tía que vivía en
Estados Unidos y a través de ella le en-
viaron una primera mano robótica. El
problema fue que esa mano le quedó
muy grande y de poco le servía. Pero a
Viscarra no le importó el tamaño y deci-
dió inspirarse en esta prótesis para ha-
cer la suya propia que está personaliza-
da con sus medidas. Sacó, entonces, el
diseño de Internet y acudió al Instituto
de Robótica Sawers, en Cochabamba.
Utilizando una impresora 3D mol-
deó su nueva mano y, con la ayuda de
sus profesores y padres, Viscarra unió
las piezas mediante hilos y cuerdas de
nailon. La prótesis costó menos de 100
dólares. Esa cifra contrasta con los pre-
cios de las prótesis biónicas que pueden
llegar a costar unos 15.000 dólares.
FUENTE: EL ESPECTADOR
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EDICIÓN 233
CONTACTO ECONÓMICO | JULIO 2019