Algunos hermanos y hermanas todavía abrigan la espe-
ranza de que, una vez que se consagren, habrán de lle-
gar a ser personas notables en el mundo. Esto demues-
tra que no han renunciado a su futuro. Él futuro al cual
nos referimos no es el futuro que tenemos en el mun-
do, sino nuestro futuro en el mundo creyente. Ya no
podemos tener un futuro en el mundo, según los pa-
drones del mundo, con las expectativas del mundo.
Todos sabemos que es natural que el mundo nos atraiga
y nos ofrezca la posibilidad de un futuro, pero incluso
el llamado "mundo creyente" tiene demasiadas cosas de
este mundo, y su futuro está amarrado a este sistema.
Sin embargo, en una persona consagrada, todas estas
expectativas deben ser llevadas a la muerte. Una per-
sona verdaderamente consagrada ha renunciado a su
futuro, no sólo a su futuro en el mundo, sino también a
su llamado "futuro espiritual". Él ya no abriga ninguna
esperanza para sí mismo, toda su esperanza está en
Elohim. Su vida está, de manera pura y sencilla, en las
manos de Elohim; ESTA PERSONA ES LO QUE ELOHIM
QUIERE QUE ÉL SEA Y HACE LO QUE ELOHIM QUIERE
QUE ÉL HAGA. Esta persona no sabe cuál vaya a ser el
resultado de su entrega, y tampoco le importa. Lo úni-
co que sabe es que él es un sacrificio que pertenece
completamente a Elohim, y esto es lo único importante
para él. Así, el altar es, para siempre, el lugar donde él
está y el resultado es, para siempre, un montón de ce-
nizas. Él ha renunciado completamente a su futuro.
Este acto de renunciar a nuestro futuro no lo hacemos
a regañadientes, después de que por alguna razón las
esperanzas que teníamos para el futuro fueron demoli-
das; no, es una entrega voluntaria que surge de nuestro
interior "porque el amor de Yahshua nos constriñe". Si
nuestra consagración no está bien fundada, tarde o
temprano surgirán problemas en nuestro servicio y en
nuestra condición espiritual.
Hermanos y hermanas, la frescura de esta consagración
producida al renunciar a cualquier futuro prometedor,
debe ser resguardada en lo íntimo