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Métodos de enseñanza
desarrollado y sus resultados, no son sólo una consecuencia de los
alumnos, sino un producto de la enseñanza misma. Ello implica
potenciar la evaluación como estrategia permanente de mejora y
perfeccionamiento de las propuestas de enseñanza.
La experiencia y la evaluación reflexiva de la experiencia
docente son siempre fuentes de aprendizaje y conocimiento, así
como base para la producción de nuevas alternativas de acción.
Durante la enseñanza, la evaluación de proceso, a la nxane-ra
de una brújula, permite a los profesores tomar decisiones en la
marcha, reorientar las tareas y modificar el curso de las acciones.
Así, la evaluación se constituye en un apoyo a la dinámica y
gestión de la clase.
Luego de la enseñanza, la evaluación recapituladora permitirá
ponderar sobre el valor y la pertinencia de su programación y su
adecuación al contexto, los alumnos y al ambiente de enseñanza.
En especial, facilita el análisis de la secuencia metódica, de la
estrategia de enseñanza elaborada, así como de las actividades
propuestas para el aprendizaje.
Siguiendo la tradición fundada por Dewey y continuada por
Stcnhouse, Schón, Carr, entre otros, es bueno que un profesor
pueda enseñar bien y obtener logros educativos de sus acciones.
Pero más valioso aún es que pueda reflexionar sobre lo que hace y
lo que hizo, sobre sus propios compromisos educativos e
investigar sobre la práctica como base para el desarrollo de la
enseñanza.
EPÍLOGO
Se suele identificar un epílogo como "recapitulación de lo dicho
en un discurso o en otra composición literaria", también como
"conjunto o compendio", o "última parte de algunas obras, en la
cual se refierf?n sucesos que son consecuencia de la acción
principal o están relacionados con ella". ¿Corresponde, entonces,
concluir esta obra con un "epílogo"? Después de meditar sobre
esta pregunta, y en precisa relación con el tema que nos ocupa,
puede aceptarse que se presente un epílogo ante las encrucijadas,
muchas veces dramáticas, que asumen quienes enseñan en
contextos reales. Pero también esto puede ser visto como un acto
cínico o imprudente, arriesgando el drama sólo para los profe-
sores. Evitando este desvío, este epílogo comparte reflexiones fi-
nales acerca de la enseñanza y el aprendizaje, en forma solidaria
con quienes enfrentan el compromiso de enseñar.
Lo expuesto pretende, modestamente, presentar una caja de
herramientas conceptuales y metodológicas a quienes asumen el
desafío y el compromiso de enseñar. Se ha buscado compartir el
resultado de conocimientos públicos, producidos a través de la
contribución de un gran número de estudios, investigaciones y
experiencias. En cuanto caja organizada de herramientas, sólo
puede aspirar a presentar alternativas sistemáticas para que
quienes enseñan puedan elaborar sus propias estrategias. En otros
términos, se trata de que quienes enseñan sean capaces de