Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 93

En aquel momento sentía que, secretamente, era su hija favorita, aunque es posible que los seis pensáramos lo mismo. Ahora bien, eso era bueno y era malo. Lo bueno era que papá me elegía a mí sola para acompañarlo a estas verificaciones nocturnas y matinales en el granero y yo odiaba de veras levantarme y dejar la cama para salir al aire helado. Pero en esos momentos, papá estaba encantado y se mostraba de lo más cariñoso. Era muy comprensivo, paciente, amable y sabía escuchar. Su voz era agradable y su sonrisa me hacía comprender la pasión de mi madre por él. En esos tiempos fue un maestro modelo. Siempre se concentraba en los motivos, en las razones para hacer algo. Hablaba sin cesar durante la hora u hora y media que nos llevaba hacer las rondas. Hablaba de sus experiencias en la guerra, los por qué de la guerra en la que había participado y sobre la región, su gente, los efectos de la guerra y sus secuelas. Contaba sus relatos una y otra vez. En el colegio, historia me parecía la materia más excitante y familiar. Hablaba de lo que había ganado en sus viajes y de lo importante que es ver el mundo. Me inculcó la necesidad de viajar y el amor por los viajes. Cuando cumplí los treinta años, ya había conocido alrededor de treinta países, en algunos de los cuales había trabajado. Hablaba de la necesidad y el gusto de aprender y de por qué es importante una educación formal, y