Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 68
Cada tanto, uno de sus ronroneos se descontrola y se
convierte en un ronquido. Lo mira a uno con los ojos
abiertos de adoración y hace ese parpadeo lento y largo
de confianza absoluta que tienen los gatos.
Después de un rato, poco a poco, se serena. Si siente
que todo está bien, es posible que se acurruque en el
regazo para hacer una apacible siesta. Pero también es
probable que salte y desaparezca para ocuparse de sus
cosas. Sea como fuere, él está bien.
Nuestra hija lo dice de una manera muy simple:
“Blackie necesita que lo mimen”.
En casa, no es el único que tiene esa necesidad; yo la
comparto, igual que mi mujer. Sabemos que la
necesidad no es exclusiva de ningún grupo de edad. No
obstante, como además de padre soy docente, lo asocio
en especial a los jóvenes, con su necesidad rápida e
impulsiva de un abrazo, una palmada calurosa, una
mano tendida, una manta arrebujada, no porque pase
algo malo, no porque sea necesario hacer algo, sólo
porque son así.
Hay muchísimas cosas que me gustaría hacer por
todos los niños. Si pudiera hacer sólo una, sería ésta:
garantizar a cada niño, en todas partes, por lo menos
unos buenos mimos cada día.
Los chicos, como los gatos, necesitan un tiempo de
mimos.