Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 66
hablamos, bailamos y lloramos cuando llegó el
momento de despedirnos. Bailamos todas las danzas
como si hubiéramos sido enamorados apasionados, lo
que éramos en realidad.
Podría seguir contando experiencias indefinidamente
y, sin embargo, de ninguna manera podría transmitir
con exactitud cuáles eran nuestros sentimientos.
¿Cómo pudimos sentirnos al llegar al hotel en Moscú y
descubrir que había un mensaje telefónico escrito en
ruso del despacho de Mikhail Gorbachov diciendo que
lamentaba no poder encontrarse con nosotros el fin de
semana porque estaría fuera de la ciudad, pero que no
obstante había arreglado que todo el grupo se reuniera
durante dos horas en una mesa redonda con alrededor
de media docena de miembros del Comité Central?
Tuvimos una discusión abierta y franca sobre todos los
temas, incluido el sexo.
¿Cómo se sentiría usted si más de una docena de
señoras mayores, vestidas con babushkas, bajaran las
escaleras de sus edificios de departamentos para
abrazarlo y besarlo? ¿Cómo puede sentirse un grupo si
las guías, Tanya y Natasha, le dicen que nunca han
visto gente así? Y cuando nos fuimos, los treinta
lloramos porque nos habíamos enamorado de esas
fabulosas mujeres y ellas de nosotros. Sí, ¿cómo se
sentiría usted? Con seguridad, como nosotros.
Obviamente, cada uno tuvo sus propias sensaciones
pero la experiencia colectiva confirma una cosa: la