Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 60

Fui al centro comercial y le compré una linda tarjeta de cumpleaños en la que escribí una nota poética. Fui hasta la veterinaria donde sabía que estaba trabajando. Al acercarme a la puerta, la misma voz perturbadora me alertó: “¿Y si no le gustas? ¿Y si te rechaza?” Me sentí débil, vulnerable, y guardé la tarjeta debajo de mi camisa. Decidí que si ella me mostraba signos de afectos, se la daría; si era fría conmigo, la mantendría oculta. De esa manera no correría ningún riesgo y evitaría el rechazo o la incomodidad. Hablamos un rato y no recibía de ella ningún signo de una u otra cosa. Me sentía incómodo y decidí irme. Sin embargo, cuando estaba cerca de la puerta, me habló otra voz. Me llegó en un murmullo, parecido al del Sr. Keating. Me instó: “¡Recuerda a Knox Overstreet... Carpe Diem!” En ese momento, se enfrentaron mi deseo de abrir mi corazón y mi resistencia a quedar expuesto en la inseguridad de la desnudez emocional. ¿Cómo puedo ir por ahí diciéndoles a otros que vivan su sueño –me pregunté a mí mismo- si yo no vivo el mío? Además, ¿qué es lo peor que podría pasar? Cualquier mujer estaría encantada de recibir una poética tarjeta en su cumpleaños. Decidí aprovechar el día. Sentí que un arrebato de valor cruzaba por mis venas. Evidentemente había fuerza en mi intención.