Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 59
Yo también tuve oportunidad de aprovechar el día.
Me agarré un metejón con una chica linda que conocí
en una veterinaria. Era más chica que yo, tenía un
estilo de vida muy diferente al mío y no teníamos
mucho para decirnos. Pero, de alguna manera, nada de
esto parecía importar. Me gustaba estar con ella y en
su presencia me sentía radiante. Y me parecía que a
ella también le gustaba mi compañía.
Al enterarme de que pronto sería su cumpleaños,
decidí invitarla a salir. Cuando estaba a punto de
llamarla, me quedé sentado mirando el teléfono
durante media hora. Por fin marqué el número y
colgué antes de que sonara. Me sentía como un chico
de colegio; vacilaba entre una excitación anticipada y
el temor al rechazo. Una voz desde el infierno me
repetía que yo no le gustaría y que era un descarado
invitándola. Pero me sentía demasiado entusiasmado
con la idea de estar con ella para permitir que esos
miedos me frenaran. Al final, reuní fuerzas. Me dio las
gracias por haberla invitado y me dijo que ya tenía
otros planes.
Me sentí destruido. La misma voz que me había
dicho que no llamara me aconsejó que olvidara el
asunto antes de quedar peor parado. Pero estaba
decidido a ver en qué consistía la atracción. Había
mucho más dentro de mí con ansias de salir a la luz.
Sentía algo por esa mujer y tenía que expresarlo.