Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 39

-Claro. Alguien corpulento como tú, Ed, puede decir todo lo que quiera. -Todos ustedes me conocen –retomó el gordo Ed- y algunos ya saben qué me pasó. No obstante, quiero compartirlo con todos. Joe, creo que me lo vas a agradecer cuando haya terminado. “Cuando te oí sugerirnos que, para ser realmente firmes, debíamos aprender a decir a los que nos rodeaban que los amábamos, pensé que era un montón de basura sentimental. Me preguntaba qué tenía que ver eso con ser firme. Tú dijiste que la firmeza es como el cuero y la dureza es como el granito, que la mente firme es abierta, flexible, disciplinada y tenaz. Pero no veía dónde entraba el amor en todo eso. “Esa noche, mientras estaba sentado en el living de casa frente a mi mujer, tus palabras seguían dándome vueltas en la cabeza. ¿Qué clase de valor se necesitaba para decirle a mi mujer que la amaba? ¿Acaso no podía hacerlo cualquiera? También habías dicho que debía hacerse a la luz del día y no en el dormitorio. En un momento dado, me aclaré la garganta, empecé a hablar y me detuve. Mi mujer alzó la vista y me preguntó qué había dicho, y respondí: “Nada”. De repente, me levanté, atravesé el cuarto, hice a un lado su diario y dije: “Alice, te amo”. Primero, me miró sorprendida. Después, se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo, suavemente: “Ed, yo también te amo,