Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 244
En instantes, empezó a mover montañas. Reunió el
dinero suficiente de maneras muy diferentes.
Simplemente, decidió hacerlo y lo hizo.
“Veía a todos esos bebés creciendo en buenos
hogares cristianos en Estados Unidos, no bajo el
comunismo”, contaba. Eso la mantenía motivada.
Partió rumbo a Vietnam desde Fort Benning,
Georgia, el domingo, y llegó el martes a Saigón, y
milagrosa e incansablemente para el sábado siguiente,
había vencido todos los obstáculos hasta sacar de
Saigón, en avión, a los cuatrocientos niños. Sin
embargo, a su llegada, el director social de Vietnam, el
Dr. Dan, le anunció de pronto que sólo admitiría a los
chicos menores de diez años y que todos debían tener
certificados de nacimiento. En seguida, se dio cuenta
de que los huérfanos de guerra tienen simplemente la
fortuna de estar vivos. No tienen partidas de
nacimiento.
Betty fue al departamento de pediatría del hospital,
consiguió doscientos veinticinco partidas de
nacimiento, y creó rápidamente fechas, lugares y horas
de nacimiento para los doscientos diecinueve bebés,
niños y chiquillos. Cuenta: “No tenía la menor idea de
cuándo, dónde y de quién nacieron. Mis dedos sólo
inventaban”. Las partidas de nacimiento eran la única
esperanza que tenían de abandonar el lugar a salvo y
tener un futuro viable con libertad. Era ahora o nunca.