Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 221
la ciudad no hacía publicidad conmigo. Respetaban su
criterio. La explicación fue: “Tiene que haber algo
malo en su publicidad”.
Mi corazón dio un vuelco. Esos cuatro avisos eran
para la casa.
Entonces pensé hablar con el Sr. Ahlman. Todo el
mundo lo quiere y lo respeta. Seguro que va a
escucharme. Cada vez que había intentado acercarme a
él, se había negado a verme. Siempre estaba “afuera” u
“ocupado”. Sabía que si ponía un aviso conmigo, los
otros comerciantes seguirían su ejemplo.
Esta vez, cuando entré a su comercio, lo encontré
parado detrás del mostrador. Le dirigí la mejor de mis
sonrisas y le mostré mi preciosa “Columna de los
clientes” cuidadosamente marcada con los crayones
verdes de mis hijos. Dije: “Todos respetan su opinión,
Sr. Ahlman. ¿Podría mirar un momento mi trabajo para
poder decirles a los demás comerciantes lo que usted
piensa?”
En su boca se dibujó una mueca de desagrado. Sin
decir una palabra, sacudió con énfasis la cabeza
señalando sin la menor sombra de duda: “¡NO!” Mi
anudado corazón cayó por el piso con tal violencia, que
pensé que todos lo habían oído.
De pronto, todo mi entusiasmo me abandonó. Me
acerqué como pude al bellísimo mostrador antiguo
sintiendo que no tendría fuerzas para volver a casa. No
quería sentarme al mostrador sin comprar algo, así que