Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 220

No tenía auto ni baby sitter. De modo que trasladaba a mis dos hijos en un cochecito desvencijado con una gran almohada atada atrás. La rueda se salía, pero le daba un golpe con el taco del zapato y seguía adelante. Estaba decidida a que mis hijos no perdieran su casa como me había pasado muchas veces a mí de chica. Pero en la oficina del diario, no había puestos disponibles. Recesión. Entonces se me ocurrió una idea. Pregunté si podía comprar un espacio de publicidad al por mayor y venderlo al por menor como “Columna de los clientes”. Aceptaron. Más adelante me contaron que mentalmente me habían dado dos semanas empujando ese cochecito antes de darme por vencida. Pero se equivocaron. La idea de la columna en el diario funcionó. Gané dinero suficiente para pagar los gastos de la casa y comprar un auto viejo usado que Cowboy Bob encontró para mí. Después contraté a una chica del colegio secundario para cuidar a mis hijos todas las tardes, de tres a cinco. Cuando el reloj daba las tres, tomaba mis muestras del diario y salía volando a cumplir con mis citas. Pero una tarde lluviosa y oscura todos los avisos en los que había trabajado se evaporaron cuando fui a concretarlos. “¿Por qué?”, pregunté. Me contestaron que habían notado que Ruben Ahlman, el Presidente de la Cámara de Comercio y propietario del negocio más popular de