Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Página 197

nunca nada excepto el bello Noroeste del Pacífico. Me preguntó qué tenía en mente y le dije que quería comprar una casa rodante y así visitar quizá los cuarenta y ocho estados. “¿Qué te parece?”. “Ella dijo: “Creo que estás loco, Walt”. “¿Por qué dices eso?”, le pregunté. “Nos atropellarían. Moriríamos y no tendríamos un funeral”. Después me preguntó: “¿Quién va a manejar, Walter?” y yo dije, “Yo, Lambie” “¡Nos mataremos!”, dijo. “A mí me gustaría dejar huellas en las arenas del tiempo antes de partir para siempre, pero esas huellas no se marcan estando todo el día sentado... a menos que uno quiera dejar la huella del trasero”. -Y ahora que ella ya no está, Walt, ¿qué piensa hacer? -¿Qué pienso hacer? Enterré a mi mujer y me compré una casa rodante. Estamos en 1976, y pienso visitar los cuarenta y ocho estados para celebrar el bicentenario. Ese año, Walt llegó a cuarenta y tres estados vendiendo curiosidades y souvenirs. Cuando le preguntaron si alguna vez levantaba gente que hacía dedo, dijo: -De ninguna manera. Muchos de ellos podrían romperme la cabeza con un palo por cuatro centavos o llevarme a juicio si hubiera un accidente.