Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 192
nacional. Hace tres meses que las mandé. Creo que
intenté algo demasiado ambicioso.
Era un aspecto tan nuevo de mi padre, siempre
amante de la diversión, que no sabía qué decir, de
modo que arriesgué un:
-Tal vez tengas alguna noticia pronto.
-Tal vez, pero no te pongas nerviosa. –Papá me
sonrió y me guiñó el ojo; después cerró la caja de
cigarros y volvió a ponerla detrás del piano.
A la mañana siguiente, nuestros padres salieron en
autobús para Haverhill Depot donde tomaron un tren a
Boston. Jim, Ron y yo fuimos corriendo a la tienda y
yo me acordé de la caja. Nunca había sospechado que
a mi padre le gustaba escribir. No se lo comenté a mis
hermanos; era un secreto entre papá y yo. El misterio
de la caja escondida.
Esa noche, temprano, miré por la vidriera del
negocio y vi que mi madre bajaba del autobús, sola.
Cruzó la plaza y caminó rápidamente hacia la tienda.
-¿Dónde está papá? –preguntamos los tres juntos.
-Papá murió –dijo sin una lágrima.
Incrédulos, la seguimos hasta la cocina donde nos
contó que iban caminando por la estación de subte de
Park Street en medio de una multitud y, de pronto,
papá cayó al suelo. Una enfermera se inclinó sobre él,
miró a mamá y dijo, simplemente: “Está muerto”.
Mamá se había quedado paralizada, sin saber qué
hacer mientras la gente pasaba por encima de él