Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 103

especialmente en el caso de hombres para los cuales el campo emocional es un territorio extraño y que confunden cualquier expresión de afecto con una invitación sexual. Cuánto más fácil era contenerla y consolarla cuando tenía dos, tres o siete años. Pero ahora, su cuerpo, nuestra sociedad y mi hombría parecían conspirar contra el consuelo que le podía dar a mi hija. ¿Cómo podía consolarla respetando los límites necesarios entre un padre y una hija adolescente? Decidí darle un masaje en la espalda. Ella aceptó. Suavemente, mientras me disculpaba por mi ausencia reciente, le masajeé la espalda huesuda y los hombros tensos. Le expliqué que acababa de regresar de las finales internacionales de masajes en la espalda, en las que había salido cuarto. Le aseguré que es difícil ganarle al masaje en la espalda de un padre preocupado, especialmente cuando se trata de un padre masajista de nivel internacional preocupado. Mientras mis manos y mis dedos trataban de aflojar sus músculos tensos y de destrabar las tensiones en su joven vida, le hablé del concurso y de los demás concursantes. Le hablé del anciano asiático encogido que había salido tercero en el concurso. Después de estudiar acupuntura y acuprensión toda su vida, podía concentrar toda la energía en sus dedos y elevar así el masaje al nivel de un arte. “Apretaba y presionaba con