canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 88
literatura fantástica
hijo?
Juego de tronos
—Desde luego, Alteza —asintió Ned, aliviado.
Robert hizo ademán de marcharse, pero la reina no había terminado.
—¿Y qué hay de la loba huargo? —le gritó—. ¿Qué pasa con la fiera que ha herido a nuestro
—Me había olvidado de la condenada loba —dijo el rey con el ceño fruncido después de
detenerse y darse media vuelta.
Ned advirtió que Arya se tensaba en brazos de Jory. Jory se apresuró a intervenir.
—No hemos encontrado ni rastro de la loba, Alteza.
—¿No? —Robert no parecía contrariado—. Vaya, hombre.
—¡Cien dragones de oro para el hombre que me traiga su piel! —dijo la reina alzando la voz.
—Un pellejo muy caro, ¿no crees? —gruñó Robert—. A mí no me metas en esto, mujer. Si
quieres pieles, págatelas con oro Lannister.
—No te imaginaba tan tacaño —respondió la reina mirándolo con frialdad—. El rey con el
que creía haberme casado habría tendido una piel de lobo sobre mi lecho antes del ocaso.
—No se pueden hacer milagros, sin animal no hay piel que valga. —Robert tenía el rostro
congestionado de rabia.
—Pero hay una loba —dijo Cersei Lannister.
Hablaba con voz tranquila, pero sus ojos verdes brillaban triunfales. Los presentes tardaron un
instante en comprender a qué se refería; cuando cayó en la cuenta el rey se encogió de hombros,
irritado.
—Como quieras. Que se encargue Ser Ilyn.
—¡No lo dirás en serio, Robert! —protestó Ned.
—Basta ya, Ned, tema zanjado. —El rey no estaba de humor para más discusiones—. Los
lobos huargo son fieras salvajes. Tarde o temprano habría atacado a tu hija, como la otra loba hizo con
el mío. Regálale un perro, será mejor para ella.
Sólo entonces se dio cuenta Sansa de lo que estaban diciendo. Miró a su padre con los ojos
llenos de miedo.
—No querrá matar a Dama, ¿verdad? —Vio la verdad en su rostro—. No, a Dama no, Dama
es buena, Dama no ha mordido a nadie...
—Dama no estaba allí —gritó Arya, furiosa—. ¡Dejadla en paz!
—Páralos. No permitas que la maten —suplicó Sansa—. Por favor, por favor, no fue Dama,
fue Nymeria, fue Arya, diles que no, no fue Dama, no dejes que le hagan daño, haré que se porte bien,
de verdad, de verdad...
Se echó a llorar. Ned no pudo hacer más que abrazarla mientras sollozaba. Miro a Robert, al
otro extremo de la sala. Su mejor amigo, más que un hermano.
—Robert, por favor. Por el cariño que me tienes. Por el amor que sentías por mi hermana. Por
favor.
El rey los miró un largo momento, luego clavó los ojos en su esposa.
—Maldita seas, Cersei —dijo con desprecio.
Ned se irguió y se liberó con suavidad del abrazo de Sansa. Todo el cansancio de los últimos
cuatro días volvía a pesarle en los miembros.
—Entonces hazlo tú mismo, Robert —dijo con una voz fría y afilada como el acero—. Al
menos ten el valor de hacerlo tú mismo.
Robert miró a Ned con ojos inexpresivos, muertos, y salió sin decir palabra, con pasos pesados
como el plomo. El silencio invadió la sala.
—¿Dónde está la loba huargo? —preguntó Cersei Lannister en cuanto su esposo hubo salido.
Junto a ella, el príncipe Joffrey sonreía.
—La fiera está encadenada junto a la caseta del guarda —respondió de mala gana Ser
Barristan Selmy.
—Avisad a Ilyn Payne.
—No —intervino Ned—. Jory, llévate a las niñas a sus aposentos y tráeme mi espada Hielo.
—Las palabras le sabían a bilis en la garganta, pero se obligó a pronunciarlas—. Si hay que hacerlo, lo
haré yo.
—¿Tú, Stark? —preguntó Cersei Lannister mirándolo con desconfianza—. ¿Qué es, un truco?
¿Por qué vas a hacer semejante cosa?
Todos lo miraban, pero los ojos de Sansa eran los que lo herían.
—La loba es del norte. No merece que acabe con ella un carnicero.
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