canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 89

literatura fantástica
Juego de tronos
Salió de la sala con un extraño ardor en los ojos, mientras los alaridos de su hija le resonaban en los oídos, y encontró a la cachorrilla de loba donde la habían encadenado. Ned se sentó un rato junto a ella.— Dama— dijo, saboreando el nombre. No había prestado mucha atención a los nombres elegidos por sus hijos para los huargos, pero en aquel momento se dio cuenta de que Sansa había estado acertada. Dama era la más pequeña de la carnada, la más bonita, la más dulce y confiada. Lo miraba con brillantes ojos dorados mientras él le acariciaba el pelaje espeso y gris. Jory no tardó en llevarle a Hielo. Todo terminó enseguida.— Elige a cuatro hombres y que lleven el cadáver al norte— dijo después—. Quiero que la entierren en Invernalia.—¿ Tan lejos?— preguntó Jory, atónito.— Tan lejos— confirmó Ned—. Si la Lannister quiere una piel de lobo, tendrá que buscarse otra. Se encaminaba hacia la torre para dormir por fin cuando Sandor Clegane y sus jinetes llegaron de la cacería. Un bulto colgaba cruzado del caballo de guerra de Clegane, una forma pesada envuelta en una capa ensangrentada.— Ni rastro de tu hija, Mano— gruñó el Perro desde su montura—. Pero no hemos perdido el día. Aquí traemos a su mascota. Dio un empujón al fardo, que cayó al suelo con un golpe sordo a los pies de Ned. Ned se inclinó y retiró la capa, buscando ya las palabras que tendría que decir a Arya, pero no se trataba de Nymeria. Era Mycah, el hijo del carnicero. El cuerpo estaba cubierto de sangre reseca. Un tajo espantoso, asestado desde arriba, casi lo había cortado por la mitad desde el hombro a la cintura.— Lo mataste desde el caballo— dijo Ned. Los ojos del Perro parecieron brillar a través de su espantoso yelmo canino.— Corrió mucho.— Observó el rostro de Ned y se echó a reír—. Pero no lo suficiente.
89