canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Página 432

literatura fantástica
Juego de tronos
aliento de un amante, pero enseguida el calor fue insoportable. Dany retrocedió un paso. La madera crujió y crujió. Mirri Maz Duur empezó a entonar un cántico con voz aguda, ululante. Las llamas giraban y bailaban, se extendían por la plataforma. El ocaso se estremeció, el aire mismo pareció licuarse ante el calor. Dany oyó el chisporroteo de la leña. El fuego reptó sobre Mirri Maz Duur. Su canción se hizo más alta, más aguda... y de pronto la mujer jadeó una vez, dos, y el cántico se convirtió en un aullido estre-mecedor, cargado de sufrimiento.
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Y las llamas llegaron a su Drogo, y lo envolvieron. Las ropas se prendieron, y durante un instante el khal quedó envuelto en jirones de seda anaranjada y tentáculos de humo, grises y aceitosos. Dany entreabrió los labios, descubrió que estaba conteniendo el aliento. Una parte de ella quería ir con Drogo, tal como había temido Ser Jorah, precipitarse entre las llamas, suplicarle su perdón y acogerlo en su interior por última vez mientras el fuego fundía la carne sobre los huesos y los unía para siempre.
Le llegó el olor de la carne quemada, no era tan diferente del de la carne de caballo al asarse en la hoguera. La pira rugió en el ocaso cada vez más cerrado como una bestia inmensa que ahogara los gritos débiles de Mirri Maz Duur y lanzara al aire lenguas de llamas que lamían el vientre de la noche. El humo se hizo más espeso, y los dothrakis retrocedieron entre toses. Las llamaradas desplegaban sus estandartes anaranja-. dos en aquel viento infernal, los leños siseaban y crujían, y las brasas se alzaban en el humo y flotaban hacia la oscuridad como luciérnagas recién nacidas. El calor batió el aire con grandes alas rojas y los dothrakis retrocedieron aún más, incluso Mormont dio un paso atrás, pero Dany no se movió. Era de la sangre del dragón, el fuego estaba en su interior.
Dany dio un paso hacia el fuego, y se dio cuenta de que había presentido la verdad desde hacía mucho tiempo, pero el brasero no había sido suficiente. Las llamas bailaban ante ella como las mujeres que habían danzado el día de su boda, giraban, cantaban, movían sus velos amarillos, naranjas y rojos, temibles pero hermosas, muy hermosas, con la vida del calor. Dany les abrió los brazos, su piel se sonrojó, brilló.
« Esto también es una boda », pensó. Mirri Maz Duur ya no gritaba. La esposa de dios la consideraba una niña, pero los niños crecen, y los niños aprenden.
Un paso más, y Dany sintió el calor de la arena en las plantas de los pies, incluso a pesar de las sandalias. El sudor le corría por los muslos, entre los pechos, y se deslizaba por sus mejillas, donde antes había habido lágrimas. Ser Jorah gritaba a su espalda, pero ya no le importaba, lo único que importaba era el fuego. Las llamas eran hermosas, eran lo más bello que había visto jamás, cada una de ellas parecía una hechicera con túnica amarilla, naranja y roja, cada una con su capa de humo. Vio leones de fuego rojo, y grandes serpientes amarillas, y unicornios de color azul pálido; vio peces, y zorros, y monstruos, lobos y pájaros brillantes, y árboles en flor, cada uno más bello que el anterior. Y vio un caballo, un gran semental gris de humo, sus crines eran un halo de llama azulada. « Sí, mi amor, mi sol y estrellas, sí, monta, cabalga ya.» El chaleco empezaba a humear, de manera que Dany se lo quitó y lo dejó caer al suelo. El cuero pintado ardió, mientras ella seguía avanzando hacia el fuego, con los pechos desnudos iluminados por las llamas e hili-llos de leche fluyendo de los pezones rojos e hinchados.
« Ahora— se dijo—. Ahora.» Por un momento vio a Khal Drogo ante ella, a lomos de su semental de humo, con un látigo de fuego en la mano. Él sonrió, y lo hizo restallar siseante contra la pira.
Oyó un crujido, el sonido de la piedra al quebrarse. La plataforma de madera, hierbas y hojas se estremeció y empezó a derrumbarse. Le cayeron encima brasas y cenizas, como una lluvia. Y también algo más, algo que rodó hasta ella y fue a detenerse a sus pies: un trozo de roca redondeada, color crema con vetas de oro, humeante. El rugido llenó el mundo, pero, entre la lluvia de fuego, Dany alcanzó a oír los gritos maravillados de mujeres y niños. « Sólo la muerte puede pagar el precio de la vida.» Se oyó un segundo crujido, seco y retumbante como un trueno, y el humo giró a su alrededor mientras la pira se hundía. Los leños estallaron a medida que el fuego tocaba sus corazones secretos. Oyó los relinchos de los caballos asustados, las voces de los dothrakis llenas de terror, y a Ser Jorah gritando su nombre y maldiciendo.
« No— hubiera querido decirle—, no, mi buen caballero, no temáis por mí. El fuego es mío. Soy Daenerys de la Tormenta, nacida de dragones, esposa de dragones, madre de dragones, ¿ no lo veis? ¿ No lo veis?» Con una erupción de humo y llamas que se elevaron diez metros hacia
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