canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 433
literatura fantástica
Juego de tronos
el cielo, la pira se derrumbó y cayó sobre ella. Dany, sin el menor temor, avanzó por la tormenta
de fuego, llamando a sus hijos.
El tercer crujido fue seco y fuerte como si el mundo se quebrara.
Cuando el fuego se extinguió por fin, y el suelo estuvo suficientemente frío para poder
pisarlo, Ser Jorah Mormont la encontró entre las cenizas, rodeada de troncos negros y ascuas, y de
los huesos quemados de hombre, mujer y corcel. Estaba desnuda, cubierta de hollín, sus ropas se
habían reducido a cenizas, no le quedaba ni una hebra de la hermosa cabellera... pero estaba ilesa.
El dragón color crema y oro mamaba de su pecho izquierdo, y el verde y bronce del
derecho. Los sostenía a ambos en los brazos, como si los acunara. El negro y escarlata estaba
enroscado en torno a sus hombros, con el cuello largo y sinuoso bajo su barbilla. Al ver a Jorah,
alzó la cabeza y clavó en él ojos rojos como carbones.
El caballero, sin palabras, cayó de rodillas. Los hombres de su khas iban tras él. Jhogo fue
el primero en poner el arakh a los pies de Dany.
—Sangre de mi sangre —murmuró, presionando el rostro contra la tierra humeante.
—Sangre de mi sangre —oyó decir a Aggo.
—Sangre de mi sangre —gritó Rakharo.
Después llegaron sus doncellas, y luego los demás, todos los dothrakis, hombres, mujeres
y niños. A Dany le bastó con mirarlos a los ojos para saber que le pertenecían, hoy, mañana y
eternamente, eran suyos como jamás lo habían sido de Drogo.
Cuando Daenerys Targaryen se puso en pie, el negro siseó, y de las fosas nasales y la boca
le surgió un humo claro. Los otros dos se apartaron de sus pechos y sumaron sus voces a la
llamada, desplegando las alas traslúcidas al aire. Y, por primera vez en cientos de años, la noche
cobró vida con la música de los dragones.
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