literatura fantástica
Juego de tronos
—¿ Crees que me nombraron Lord Comandante de la Guardia de la Noche porque soy un completo imbécil, Nieve?— resopló el Viejo Oso—. Aemon me dijo que te marcharías. Yo le dije que volverías. Conozco a mis hombres... y también a mis muchachos. El honor te hizo emprender el viaje por el camino real... y el honor te hizo regresar.— Mis amigos me hicieron regresar— replicó Jon.— No he dicho que fuera tu honor— dijo Mormont con la vista clavada en el plato.— Mataron a mi padre. ¿ Esperabais que me quedara aquí, sin hacer nada?— La verdad, esperábamos que hicieras lo que hiciste.— Mormont probó una ciruela y escupió el hueso—. Ordené a los guardias que te vigilaran. Te vieron al partir. Si tus hermanos no te hubieran traído de vuelta, manos menos amigas te habrían detenido por el camino. A menos que tuvieras un caballo con alas, como un cuervo. ¿ Es el caso?— No.— Jon se sentía idiota.— Lástima. Nos iría bien tener caballos así.— Sé cuál es el castigo por la deserción, mi señor.— Jon se irguió en toda su estatura. Se dijo que moriría con orgullo. Era lo menos que podía hacer—. No me da miedo la muerte.—¡ Muerte!— graznó el cuervo.— Espero que tampoco te dé miedo la vida— dijo Mormont al tiempo que cortaba el jamón con la daga y le daba un trocito al cuervo—. No has desertado... todavía. Estás aquí. Si decapitáramos a todo muchacho que hace una escapada nocturna a Villa Topo, sólo tendríamos espíritus para vigilar el Muro. Pero quizá pienses huir de nuevo mañana, o dentro de dos semanas. ¿ Es así? ¿ Es lo que planeas, muchacho?— Jon no dijo nada—. Lo que pensaba— siguió Mormont mientras pelaba un huevo duro—. Tu padre está muerto, muchacho. ¿ Puedes devolverle la vida?— No— replicó de mala gana.— Excelente— dijo Mormont—. Tú y yo hemos visto volver a los muertos, y no es una experiencia que me apetezca mucho repetir.— Se comió el huevo de dos mordiscos, y escupió por entre los dientes un trocito de cascara—. Tu hermano está en el campo de batalla, respaldado por todo el poder del norte. Cualquiera de sus señores vasallos está al mando de más espadas de las que hay en toda la Guardia de la Noche. ¿ Qué te hace pensar que necesitan tu ayuda? ¿ Acaso eres un guerrero tan temible, o llevas en el bolsillo un amuleto mágico que hace tu brazo invencible?
Jon no supo qué responder. El cuervo picoteó un huevo hasta romper la cascara. Metió el pico por el agujero, y se dedicó a sacar trocitos de clara y de yema. El Viejo Oso suspiró.
— No eres el único afectado por esta guerra— dijo—. Mi hermana cabalga con el ejército de tu hermano, junto con esas hijas suyas que visten armaduras de hombres. Maege es una arpía vieja, testaruda y malhumorada. La verdad, no soporto estar a su lado, pero no por eso la quiero menos que tú a tus medio hermanas.— Mormont frunció el ceño, cogió el último huevo y lo apretó en el puño hasta que la cascara crujió—. O quizá sí. Sea como sea, si la mataran me dolería, pero a mí no me verás escapar de aquí. Pronuncié el juramento, igual que tú. Mi lugar está aquí... ¿ y el tuyo, muchacho?
« Yo no tengo lugar— habría querido decir Jon—. Soy un bastardo. No tengo derechos, ni nombre, ni madre, y ahora ni siquiera tengo padre.» Pero no le salieron las palabras.— No lo sé.— Yo sí— replicó el Lord Comandante Mormont—. Empiezan a soplar los vientos fríos, Nieve. Más allá del Muro, las sombras son cada vez más alargadas. Cotter Pyke me ha escrito, me habla de manadas de alces que se desplazan por el sur y el este hacia el mar, y también mamuts. Dice que uno de sus hombres descubrió huellas de pisadas gigantescas y deformes a menos de tres leguas de Guardiaoriente. Los exploradores de la Torre Sombría han encontrado aldeas enteras abandonadas, y Ser Denys dice que por las noches se ven hogueras en las montañas, fuegos enormes que arden desde el ocaso hasta el amanecer. Quorin Mediamano cogió un prisionero en lo más profundo de la Quebrada, que jura que Manee Rayder está reuniendo a todos sus hombres en una fortaleza secreta que ha encontrado, sólo los dioses saben con qué objetivo. ¿ Crees que tu tío Benjen es el único explorador que hemos perdido este último año?
— Ben Jen— graznó el cuervo, con la cabeza inclinada y trocitos de huevo en el pico—. Ben
Jen, Ben Jen.— No— respondió Jon. Había habido otros. Demasiados.—¿ Y crees que la guerra de tu hermano es más importante que la nuestra?— rugió el anciano. Jon se mordió el labio. El cuervo batió las alas.
420