canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 419

literatura fantástica Juego de tronos
Matthar había situado su caballo tras él, y se unió al coro.—« Entrego mi vida y mi honor a la Guardia de la Noche.» Jon picó espuelas y obligó a la yegua a girar en círculo. Sus amigos lo rodeaban, se acercaban por todos lados. Halder avanzó trotando desde la izquierda.—« Durante esta noche...»—«... y todas las que estén por venir »— terminó Pyp. Tendió la mano para coger las riendas de Jon—. Así que tendrás que elegir: mátame, o regresa conmigo. Jon alzó la espada... y la volvió a bajar, impotente.— Maldito seas— dijo—. Malditos seáis todos.—¿ Tenemos que atarte las manos, o nos das tu palabra de que volverás tranquilamente?— preguntó Halder. 747— No voy a escapar, si te refieres a eso.— Fantasma salió de entre los árboles, y Jon lo miró—. Menuda ayuda has sido. Los profundos ojos rojos lo miraron, llenos de inteligencia.— Más vale que nos demos prisa— dijo Pyp—. Si no estamos de vuelta antes del amanecer, el
Viejo Oso nos cortará la cabeza a todos.
Jon apenas recordaría nada del viaje de regreso. Le pareció más corto que el de ida, tal vez porque su mente estaba muy lejos. Pyp se encargó de marcar el ritmo, al galope, al paso, al trote, después otra vez al galope. Pasaron junto a Villa Topo y la dejaron atrás, el farolillo rojo de la puerta del burdel se había apagado hacía ya rato. Fue un viaje rápido: aún faltaba una hora para el amanecer cuando Jon divisó las torres del Castillo Negro, que se alzaban oscuras contra la inmensidad blanca del Muro. En ese momento no le dio la sensación de volver al hogar.
Se dijo que lo habían obligado a regresar, pero no podrían hacer que se quedara. La guerra no iba a terminar al día siguiente, ni al otro, y sus amigos no podrían vigilarlo día y noche. Se tomaría tiempo, haría que pensaran que se conformaba... y entonces, cuando bajaran la guardia, escaparía de nuevo. La próxima vez no iría por el camino real. Podía seguir el Muro hacia el este, quizá hasta el mar: era una ruta más larga, pero también más segura. O ir hacia el oeste, hasta las montañas, y bajar por los pasos. Ése era el camino de los salvajes, duro y lleno de peligros, pero al menos estaba seguro de que nadie lo seguiría. No se acercaría a menos de cien leguas de Invernalia o del camino real.
Samwell Tarly los esperaba en los establos viejos, recostado contra una bala de heno, demasiado nervioso para dormir. Se levantó y se sacudió las ropas.— Me... me alegro de que te encontraran, Jon.— Yo no— replicó Jon al tiempo que desmontaba. Pyp se bajó del caballo y examinó de mal humor el cielo que clareaba.— Échanos una mano con los caballos, Sam— dijo el muchacho menudo—. Tenemos un largo día por delante, y no hemos dormido gracias a Lord Nieve.
Cuando amaneció, Jon se dirigió a las cocinas como todos los días. Hobb Tresdedos no le dirigió la palabra al entregarle el desayuno del Viejo Oso. Aquel día eran tres huevos duros con pan frito y jamón asado, y un cuenco de ciruelas pasas. Jon llevó la bandeja a la Torre del Rey. Mormont estaba sentado junto a la ventana, escribiendo. Su cuervo le iba pasando de un hombro a otro, graznando: « maíz, maíz, maíz ». Cuando entró Jon, lanzó un graznido más agudo. El Viejo Oso alzó la vista. 748— Pon el desayuno en la mesa— dijo—. Para beber quiero un poco de cerveza. Jon abrió una ventana, cogió de la cornisa la jarra de cerveza y llenó un cuerno. Hobb le había dado un limón, todavía con el frío del Muro. Jon lo estrujó con el puño, y el zumo le corrió por los dedos. Mormont tomaba la cerveza siempre con limón, decía que por eso conservaba la dentadura.
— No cabe duda de que querías a tu padre— dijo cuando el muchacho le tendió el cuerno—. Aquello que amamos acaba siempre por destruirnos. ¿ Recuerdas que te lo advertí?
— Lo recuerdo— replicó Jon de mala gana. No quería hablar de la muerte de su padre, ni siquiera con Mormont.
— Pues no lo olvides nunca. Las verdades más dolorosas son a las que más hay que aferrarse. Acércame el plato. ¿ Otra vez jamón? Qué se le va a hacer. Pareces cansado. ¿ Tan agotador ha sido el viaje de esta noche?—¿ Lo sabíais?— A Jon se le secó la garganta.— Sabíais— graznó el cuervo desde el hombro de Mormont—. Sabíais.
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