canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | 页面 418

literatura fantástica Juego de tronos La risa chillona de Sapo retumbó entre los árboles. La yegua de Jon resopló. —Callaos todos —dijo Halder—. Me parece que he oído algo. —¿Por dónde? Yo no he oído nada. Los caballos se detuvieron. —Es que tú no oyes ni los pedos que te tiras. —Sí que los oigo —insistió Grenn. —¡Callaos! Todos se quedaron en silencio, escuchando. Jon descubrió que estaba conteniendo el aliento. «Sam», pensó. No había despertado al Viejo Oso, pero tampoco se había ido a la cama, sino que había despertado a los demás chicos. Malditos fueran todos. Si llegaba el amanecer y no estaban en sus lechos, a todos los condenarían por desertores. ¿Qué se creían que hacían? El silencio pareció prolongarse una eternidad. Desde el lugar donde estaba acuclillado, Jon alcanzaba a ver las patas de los caballos entre las ramas. —¿Qué has oído? —preguntó Pyp al final. —No lo sé —reconoció Halder—. Me pareció un ruido. Puede que fuera un caballo, pero... —Aquí no hay nada. Jon vio por el rabillo del ojo una forma blanca que se movía entre los árboles. Las hojas crujieron, y Fantasma salió como una centella de entre las sombras. Fue tan repentino que la yegua se sobresaltó y relinchó. —¡Ahí! —exclamó Halder. —¡Yo también lo he oído! —Traidor —dijo Jon al lobo, al tiempo que montaba a caballo. Hizo girar a la yegua para escabullirse entre los árboles, pero antes de que avanzara ni tres metros ya los tenía encima. —¡Jon! —le gritó Pyp. —¡Para! ¡No puedes escapar de todos! —Marchaos —dijo Jon dando media vuelta mientras desenvainaba la espada—. Volved. No quiero haceros daños, pero si me obligáis... —¿Uno contra siete? —Halder hizo una señal. Los chicos rodearon a Jon. —¿Qué queréis de mí? —rugió el muchacho. —Queremos llevarte de vuelta al lugar donde debes estar —replicó Pyp. —Debo estar al lado de mi hermano. —Ahora nosotros somos tus hermanos —dijo Grenn. —Si te cogen te cortarán la cabeza, ya lo sabes —intervino Sapo con una risita nerviosa—. ¡Qué estupidez, una cosa así sólo la haría el Uro! —Mentira —replicó Grenn—. Yo no soy ningún perjuro. Pronuncié el juramento, y lo dije en serio. —Yo también —replicó Jon—. Pero, ¿no lo comprendéis? Han matado a mi padre. Es la guerra. Mi hermano Robb está luchando en las tierras de los ríos... —Lo sabemos —dijo Pyp con solemnidad—. Sam nos lo ha contado todo. —Sentimos mucho lo de tu padre —dijo Grenn—, pero eso no importa. Una vez pronuncias el juramento, pase lo que pase no te puedes marchar. —Tengo que hacerlo —dijo Jon, fervoroso. —Pronunciaste el juramento —le recordó Pyp—. «Ahora empieza mi guardia. No terminará hasta el día de mi muerte.» —«Viviré y moriré en mi puesto» —añadió Grenn, asintiendo con la cabeza. —No tenéis que recordarme el juramento, me lo sé tan bien como vosotros. —Jon estaba enfadado. ¿Por qué no dejaban que se marchara en paz? Lo único que conseguían era que le resultase más duro. —«Soy la espada en la oscuridad» —entonó Halder. —«Soy el vigilante del muro» —siguió Sapo. Jon los maldijo a todos, pero no le hicieron caso. Pyp se acercó más a caballo, sin dejar de recitar. —«Soy el fuego que arde contra el frío, la luz que trae el amanecer, el cuerno que despierta a los durmientes, el escudo que defiende los reinos de los hombres.» —No te acerques —le advirtió Jon, al mismo tiempo que blandía la espada—. Lo digo en serio, Pyp. Ninguno de ellos llevaba armadura, si era necesario los podía hacer pedazos. 418