canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 421
literatura fantástica
Juego de tronos
—Guerra, guerra, guerra, guerra —cantó.
—Pues no lo es —insistió Mormont—. Que los dioses nos ayuden, muchacho, no eres ciego, y
no eres idiota. Los muertos regresan en medio de la noche, ¿crees que importa quién se sienta en el
Trono de Hierro?
—No. —Jon no lo había considerado desde ese punto de vista.
—Tu señor padre te envió con nosotros, Jon. ¿Quién sabe por qué?
—¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? —graznó el cuervo.
—Sólo sé que la sangre de los primeros hombres corre por las venas de los Stark. Los
primeros hombres construyeron el Muro, y se dice que recuerdan cosas que los demás han olvidado.
Además, tu lobo... ese animal nos llevó hasta las criaturas sobrenaturales, te alertó sobre el hombre
muerto de las escaleras. Sin duda Ser Jaremy diría que fue una casualidad, pero Ser Jaremy está
muerto, y yo no. —Lord Mormont pinchó un trozo de jamón con la punta de la daga—. Creo que tu
destino era estar aquí, y quiero que tú y tu lobo nos acompañéis cuando vayamos más allá del Muro.
—¿Más allá del Muro? —Aquellas palabras hicieron que Jon sintiera un escalofrío de
emoción.
—Ya me has oído. Pienso encontrar a Benjen Stark, vivo o muerto. —Masticó y tragó—. No
me quedaré aquí sentado tranquilamente, a esperar las nieves y los vientos helados. Tenemos que
averiguar qué sucede. Esta vez, la Guardia de la Noche cabalgará como un ejército, se enfrentará al
Rey-más-allá-del-Muro, a los Otros y a quien haga falta. Yo mismo iré al mando. —Apuntó al pecho
de Jon con la daga—. Según la costumbre, el mayordomo del Lord Comandante es también su
escudero...
pero no quiero despertar cada mañana sin saber si habrás escapado de nuevo. Aquí que
necesito una respuesta, Lord Nieve, y la necesito ahora mismo. ¿Eres un hermano de la Guardia de la
Noche... o un chico bastardo que quiere jugar a la guerra?
«Perdóname, padre. Robb, Arya, Bran... perdonadme. No puedo evitarlo. Tiene razón. Éste es
el lugar que me corresponde.»
—Soy... vuestro hombre, mi señor. —Jon se irguió, y respiró hondo—. Lo juro. No volveré a
escapar.
—Bien. —El Viejo Oso resopló—. Venga, ve a por tu espada.
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